Imprimir esta página

Huelga del 9 de abril, preludio del triunfo de la Revolución en Cuba

09 Abril 2017
Autor  Isabel Ríos Rodríguez

El año 1958 fue decisivo para la Dirección del Movimiento 26 de julio cubano, quien  estimó que estaban dadas las condiciones para desencadenar la huelga general revolucionaria en todo el país, no obstante, la jefatura del Ejército Rebelde se oponía a las acciones precipitadas en las ciudades.

En todo el país ocurrieron pequeñas movilizaciones, pero no lo que se pronóstico, por su parte los frentes guerrilleros apoyaron la huelga, la tropa de Camilo Cienfuegos llegó hasta los llanos del Cauto, en la Habana se produjo el asalto a las emisoras nacionales y la transmisión por sus canales del llamamiento a la huelga general revolucionaria.

La Habana Vieja se estremeció con la huelga, el asalto a la armería, la voladura de registros de electricidad, los paros y sabotajes en varias terminales del transporte, la quema de gasolineras y de vehículos, la interrupción del tránsito de entrada y salida de la capital, los sabotajes, y paros en Guanabacoa, el Cotorro, Madruga.

Los matanceros accionaron  ante lo orientado y dirigido por Enrique Hart, asaltaron a la emisora, descarrilaron trenes en Jovellanos, el ataque al cuartel de Quemado de Güines y la interrupción de la Carretera Central en Manacas.

En esta etapa se realizaron  diversas operaciones de todo tipo y extensión,  paros laborales, sabotajes y combates que, sin alcanzar los objetivos propuestos de derrocar la tiranía, mostraron una vez más la irreductible decisión de lucha y sacrificio de nuestro pueblo revolucionario y su voluntad de victoria.

La conmoción producida en todo el país por los hechos del 9 de abril fue intensificada por la brutal represión desatada por el régimen, que dejó el saldo doloroso de más de un centenar de combatientes caídos, entre ellos Marcelo Salado, dirigente de acción en la capital en esos momentos, y uno de los más valiosos y prometedores cuadros del Movimiento 26 de Julio.

A pesar de su magnitud, aquella respuesta del 9 de abril no tuvo aun suficiente alcance y sincronización como para desencadenar la huelga general revolucionaria y provocar el colapso final de la tiranía. La frustración de aquel objetivo situó al movimiento revolucionario en uno de sus momentos más difíciles de todo el proceso de lucha.

El 9 de abril estaba previsto  poner en pie de lucha todo el país, con el objetivo de que se realizaran acciones armadas en numerosas ciudades, aunque el despliegue más grande se realizó en la ciudad de Sagua la Grande, actual provincia de las Villa.

La huelga general no logró los objetivos propuestos, por no alcanzar el principal propósito, movilizar el pueblo, no obstante la dictadura sintió la presión del movimiento revolucionario.

Asimismo  la falta de clima previo, que debió ser producido por una serie de hechos violentos que hicieran que el paro no fuera más que la culminación lógica del mismo, sino que de forma unánime se afectara la economía nacional.

Otro  aspecto que incidió en la frustración de la acción del 9 de abril fue la utilización de   métodos inadecuados para la convocatoria, se quiso mantener tan secreto, que se obvio el trabajo de los  cuadros organizados, que tendrían la función de enlazar todos los sectores y personas, lo que no fue posible, pues no se pudo lograr  la conmoción y expectación indispensables del pueblo.

También afectó la escasa intensidad que presentó el sabotaje eléctrico y de las plantas de radio, cuando se esperaba la supresión total de ambos servicios.

Por mala organización hubo grupos acuartelados que nunca recibieron armas. Otros estaban mal armados por lo que fueron masacrados por la policía batistiana. Además  falló el paro en el sector del transporte urbano porque no fue total y algunas terminales no secundaron la huelga.

Marcelo Salado Lastra fue el alma de la huelga en la Habana, se encargó de repartir las armas a sus compañeros y se dirigió hacia el edificio Chibás 25 y G, Vedado, donde estaba ubicado el Estado Mayor, en el trayecto perdió la vida.

La frustración de la huelga constituyó  uno de los reveses más serios de la lucha insurreccional, pero sentó las bases para la  formación de nuevas columnas guerrilleras como la Pepito Tey y la dirigida por Víctor Bordón, que pasó a operar en las montañas del Escambray.

En cuanto al resto de las provincias, hubo respuesta en algunas, y en otras, como Oriente, la movilización fue casi total. En Las Villas y Pinar se mantiene e incrementa la lucha de guerrillas, además de las columnas rebeldes que operaban en las montañas orientales, que estaban fortalecidas.

Los sucesos del 9 de abril, a pesar de no lograr su verdadero propósito de poner en pie de guerra a la Isla,   si sentó las bases para el posterior triunfo revolucionario un año después.

El 9 de abril, fue un revés que jamás apagó la certeza de victoria de los revolucionarios, fue la luz que guio al triunfo a un pueblo que quería la libertad, antes que ser esclavo.

A 59 años de la huelga del 9 de abril, los cubanos la recuerdan, como una hazaña que demostró el heroísmo de los combatientes, quienes fueron capaces de transformar una vez más la derrota en victoria.

Artículos relacionados (por etiqueta)