El alzamiento del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, provincia del centro de Cuba, estuvo organizada y dirigida por Julio Camacho Aguilera y Dionisio San Román, acción en la que 39 revolucionarios cayeron en combate contra la tiranía. Otros cinco miembros del Movimiento 26 de Julio en la Habana y tres en Santa Clara también perdieron la vida luchando en el fallido intento del levantamiento nacional. Cientos sobrevivieron gracias al apoyo del pueblo cienfueguero, que los refugió en sus casas. Cerca de un centenar fueron detenidos y conducidos a prisión.
Esta operación fue el resultado de la fusión de tres procesos conspirativos desarrollados independientemente unos de otros hasta poco antes de esa fecha, en los que estaban implicados un grupo de oficiales jóvenes de la Marina, licenciados o en servicio activo.
Muchos de aquellos hombres que liberaron a Cienfuegos durante unas horas, no cumplían todavía 20 años, fue una jornada cargada de valor y patria. Corrió la sangre, pero los rebeldes sintieron por minutos emociones de libertad y victoria.
Los hombres incorporados al movimiento, lograron dominar la base naval de Cayo Loco, con la participación de las milicias del Movimiento y de numerosos ciudadanos que se aprestaron a luchar con las armas distribuidas al pueblo, comenzaron a combatir en distintos puntos de la ciudad.
Sin embargo, la orden de un levantamiento nacional había sido suspendida, pero a ninguno de los principales responsables del levantamiento le llegó el aviso de la posposición del alzamiento.
Ese día no solo se movilizó un grupo de hombre sino gran parte del pueblo, los que unidos logrando tomar las estaciones de la Policía, marítimas y la Nacional, el ayuntamiento y otros puntos, solo faltó tomar el cuartel de la Guardia rural.
Por 24 horas los cienfuegueros fueron dueños de la ciudad, de sus principales centros, de las calles, momento que aprovechó la tiranía para tomar fuerza la cual lanzó posteriormente sobre el pueblo, causando decenas de muertos, heridos y mutilados.
La acción aunque resultó un revés para el movimiento en Cienfuegos en sentido general dio fuerza, valentía y coraje a los dirigentes y el pueblo en general y sobre todo demostró que la unidad y la organización eran aspectos decisivos para lograr el triunfo.
Que proeza la de estos revolucionarios que durante todo ese día y gran parte de la noche se luchó tenazmente en las calles de Cienfuegos hasta que, vencidos los últimos focos de resistencia popular por los poderosos refuerzos enviados desde Santa Clara, Matanzas, Camagüey y La Habana, la ciudad amaneció el día 6 de nuevo en manos del enemigo.
La superioridad de fuerzas y armamentos se impuso, la tiranía logró dominar la sublevación, pero solo tras haber pagado un alto precio de pérdidas materiales luego vendrían las persecuciones, las torturas y los asesinatos a destacados combatientes.
A 61 años del levantamiento el pueblo de Cienfuegos no lo olvida, pues la acción constituyó los cimientos de lucha del pueblo de Cienfuegos contra la tiranía y una demostración del pueblo armado y combativo que dos años después alcanzó la victoria.