Uno de los sectores que enfrentará un buen número de transformaciones a partir de las nuevas medidas económicas anunciadas será la reorganización de la actividad de comercio interior, la gastronomía y los servicios.
En particular los cambios anunciados para las unidades gastronómicas, inicialmente en un grupo seleccionado, significan una modificación radical e integral en la concepción de cómo deben operar y gestionar sus recursos, a partir de una evaluación de los incentivos a los trabajadores, el comportamiento moral y ético de administradores y colectivos, la preparación técnico profesional de trabajadores y directivos.
El objetivo básico de estas transformaciones es que tanto el sector estatal y el no estatal actúen en igualdad de condiciones, y en las unidades que lo demanden favorecer la renovación del personal a partir de sus idoneidades y habilidades.
En las unidades incorporadas al proceso de cambios el administrador y el colectivo podrán decidir sobre la composición de la plantilla, definida por las características del servicio y las competencias profesionales de cada aspirante a la plaza. Propondrán también los precios y la forma de asegurar los recursos necesarios a la actividad, definiendo vías de aprovisionamiento en el sector estatal o no estatal, de igual modo asumirán todos sus gastos con sus ingresos y las obligaciones tributarias.
La pieza clave de estas transformaciones es la autogestión y el control colectivo de la misma, bajo este principio el administrador rinde cuenta ante el colectivo laboral de los resultados, así como ante la empresa a la que se subordina.
Un número de unidades gastronómicas continuarán vinculadas al sector estatal bajo el principio de la autogestión, y otras podrán ser arrendadas a trabajadores por cuenta propia. Otro principio es la bancarización de las operaciones y el uso obligatorio de instrumentos de pago para la compra de mercancías.
Sería muy sencillo pensar que solo anunciar los cambios implica el éxito de los mismos. Estamos ante la mayor transformación del sector de los servicios desde las llamadas ofensivas revolucionarias de los años sesenta del pasado siglo, cuando toda la actividad económica del mismo pasó a ser de propiedad social, a un entorno donde coexisten formas diversas de propiedad, estatal, privada y mixta, con diferentes formas de organización cooperativa, micro, pequeñas o medianas empresas.
Nuevos entornos retadores y necesarios donde la eficiencia, la eficacia y la competencia definirán la viabilidad de lo que se propone, experiencias de que es posible lo que tenemos en el floreciente sector no estatal de los servicios, con sus ofertas y clientes satisfechos.
Sin olvidar que el objetivo principal de estas medidas es fortalecer a la empresa estatal socialista. Ahora, en mi opinión, con una función más de regulación que de administración, pues lo esencial no es la forma de propiedad, sino la organización en función de servir mejor al cliente, que significa mayor eficiencia en la actividad de la empresa.