La peña de Ronel, un espacio para lo campesino
Un toque de modernidad recibió la muy moderna peña, aclaro, del virtuoso Ronel González, un hombre que a pesar de identificarse como poeta en “su Facebook” y en el “cara a cara” de la vida cotidiana, es mucho más... escritor para niños, investigador, profesor del Centro de Promoción Literaria “Pedro Ortiz Domínguez” de Holguín, buen conversador y hasta un poco humorista.
En su espacio de los segundos jueves de cada mes de la Casa de Iberoamérica, que activa inmediatamente el “modo campo” de nuestros sentidos, es verdad que se habla de todo, pero confieso que me resultó inverosímil su décima al celular. Ronel nunca dijo si el susodicho artefacto de su vecina tenía la 4G en la frecuencia de los mil 800 Mega Hertz, el kid de la cuestión por estos días en la urbe oriental, pero lo cierto es que todos los presentes lo atendían entusiasmados.
Sin abandonar la técnica de la décima, este tipo de poesía tan nuestra constituida por estrofas de 10 versos octosílabos, logró encantar al público con un tema que sigue siendo del momento, sin dejar de mencionar otros igualmente de moda como el consumismo, la marca-manía, las rupturas constantes de parejas, la contaminación sonora que irrespeta casi de forma permanente la tranquilidad y armonía de muchos hogares, el uso alarmante de palabras obscenas que degradan las relaciones interpersonales, además de otros; y que entre el choteo cubano y risas hacen pensar y actuar de maneras diferentes.

Ronel no llegó solo a La Casa que desde ya se prepara para acoger del 24 al 30 de octubre su evento más importante, la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. Lo acompañaron, como es habitual, miembros de la agrupación de música popular tradicional holguinera Cacoyugüín, quienes aderezaron en la institución el paisaje sonoro de este final de la tarde un tanto lluvioso y húmedo.
Algunos poetas improvisadores del territorio que obsequiaron piezas bien cubanas a través de la décima cantada y la controversia, y Jose Luis Serrano, Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2018 por el texto “Los perros de Amundsen”, un libro que a opinión del propio Ronel no necesita recomendación ni reconocimiento alguno porque es un referente ilustre de la poesía cubana ahora mismo.
La Décima del celular no fue la única entrega aquella tarde, por más que se recuerde y la recuerde. Entre el diálogo con los colegas, los amigos que decidieron visitarlo y su siempre fiel público, regaló otras construcciones como “el velorio de Olegaria”, texto de Nelson Gudín que chotea la muerte, viéndola como un “sano” pretexto para el fin del aburrimiento en un monótono pueblo de la Isla.
Ronel González es un fiel amante de su ciudad, no solo por lo que mostró y muestra en su peña de la Casa de Iberoamérica, también por su agasajo al pueblo por sus 300 años con su poesía “Holguín, ínsula embrujada,” que dará cuerpo y título al libro de la casa editora Cuadernos Papiro, que se prepara para la gran celebración de abril de 2020. Quizá para el próximo encuentro la comparta.
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