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José Soler Puig, un gran voz de las letras cubanas

11 Noviembre 2016
Autor  Manuel Zaldivar Mora

Tan santiaguero fue que nunca quiso partir de su ciudad natal y de ella ha sido considerado el cronista por excelencia.


Uno de los más notables narradores cubanos del siglo XX, Soler Puig nace en Santiago de Cuba el 10 de noviembre de 1916 y muere el 2 de agosto de 1996., Premio Nacional de Literatura en 1986, escribió, además, guiones para radio y cine, y con Bertillón 166 obtuvo el premio de novela de la primera edición del Concurso Casa de las Américas en 1960.
La trascendencia de la narrativa de Soler Puig para Cuba y el mundo, al mostrar con una estética realista los más recónditos aspectos psicológicos de sus personajes son expresión de lo más profundo e inexplicable de la cubanía.
Al escritor Soler Puig hay que conocerlo realmente leyendo su obra que traciende los tiempos.
Soler Puig fue un novelista cubano que alcanzó gran prestigio en la literatura a partir de su primera novela, raro hecho que lo consagró en el camino de la creación narrativa.
Era controvertido, en ocasiones ríspido, afectuoso, consejero, crítico, irónico y laborioso.
Obtuvo el Premio Casa de las Américas 1960, en su primera edición, con la novela Bertillón 166; el Premio Anual de la Crítica Literaria de 1982 por el título Un mundo de cosas y en el año 1986 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura como reconocimiento a su trayectoria literaria.
Desde entonces redactaría muchos otros cuentos, algunos de los cuales vieron la luz a fines de los años cincuenta en las revistas Carteles, Galería y Antorcha, estas dos últimas de Santiago de Cuba.
Entre sus obras se encuentran El pan dormido, Un mundo de cosas, Bertillón 166: Roman, Bertillón ciento sesenta y seis.
Aparecen también en su legado creador En el año de enero (novela), 1963; El derrumbe (novela), 1964; El caserón (novela), El derrumbe; tres actos (testimonio), 1977; Un mundo de cosas (novela), 1982; El nudo (novela), 1983; Ánima sola (novela), 1986; y Una mujer (novela), 1987.
En Yateras, hacia fines de la década del cuarenta, concluyó una novela, hoy extraviada, acerca de la vida de los inmigrantes haitianos. Vivió también en Guantánamo de 1950 a 1956, y en Isla de Pinos, localidad en la que trabajó en una fábrica de aceite de coco. En esos lugares laboró además como jornalero, vendedor ambulante y cortador de caña. Por esos años anteriores a 1959 perteneció a la Juventud Socialista y al Movimiento 26 de julio.

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