Hay quienes aseguran que la educación en valores hacen fecunda la espiritualidad de cada ser humano mientras otros aseguran: “el hombre, si no quiere dejar de ser hombre, debe alimentar valores, recuperar los perdidos o avizorar otros nuevos…”
Es evidente que el tema atrapa por su importancia, razón por la que es necesaria la recurrencia no a través de un discurso lleno de tecnicismo sino de manera práctica, sencilla, tangible, sin olvidarse que en los mismos(los valores) deben buscarse en los hábitos de la sociedad cuanto de aprovechable y valorizador pueda sacar de ellos.
Ahora bien. No es posible considerar que los valores se adquieren o se forman de una vez, y que son inmutables, sino que estos se adquieren y se configuran a lo largo de toda la vida, sin obviar que la escuela debe procurar una educación ética.
La escuela debe reforzar su labor con un enfoque integral en su proceder educativo y alcanzar una alta exigencia de la disciplina, de la observancia de las responsabilidades individuales y colectivas de alumnos, profesores y demás trabajadores.
En Holguín es válido destacar que el sistema de enseñanza deportiva tiene bien priorizado el mencionado reforzamiento con el adecuado enfoque integral, sin que esto quiera decir que todo está hecho.
Una realidad se ha reafirmado en más de cinco décadas. La Revolución Cubana, como fenómeno histórico de amplia repercusión social, ha contribuido a la formación de una alta conciencia valorativa en la que ocupan un lugar significativo la solidaridad, la justicia y la independencia.
¿Ejemplo? El movimiento deportivo holguinero desde los combinados deportivos hasta los centros de alto rendimiento, cuentan con fortalecidos colectivos pedagógicos con valores trascendente como son responsabilidad, honestidad, laboriosidad y el patriotismo, nítido espejo en el que muchos pueden mirarse.
Esta realidad no puede dejar grietas a los antivalores que en ocasiones de forma solapada intentan minimizar las conquistas, de ahí la importancia de no mantenerse pasivos ante estas manifestaciones.
En el deporte como en las demás esferas de la vida reverenciar los valores y no dar cobija a los antivalores es también una manera de ratificar la cultura que poseemos, es ser auténticos desde la humildad.