En estos días la sociedad cubana ha estado caracterizada por uno de los debates populares más intensos de los últimos años; prácticamente ningún lugar, físico o digital escapó a la polémica, de cómo el país enfrentaría las actuales restricciones económicas explicadas por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
Las medidas anunciadas sobre reducción del combustible provocaron los disímiles comentarios, y el temor de retornar a los duros años noventa con los interminables apagones y las limitaciones derivadas de la etapa más dura del período especial.
Sin embargo, los días han pasado, y la efectividad de la estrategia concebida a nivel de país y en cada provincia, municipios, empresas y organismos muestra sus resultados. Recordemos que la base de esta estrategia es, ajustar el consumo de los portadores energéticos, y provocar la menor afectación posible a la población y la economía, con una idea muy clara, el país no se detiene, se avanza en todos los sectores que sea posible, y se reorganizan las actividades para su continuidad cuando así se pueda.
Es importante destacar al respecto, que la Cuba de hoy no es la de los noventa, no estamos en el fondo, y lo alcanzado en estos años se convierte en fortaleza para superar las actuales restricciones.
En mi opinión, la estrategia diseñada y las acciones de los organismos tienen como eje rector un principio básico: en tiempos de dificultades económicas, lo mejor es ahorrar.
Y a eso es a lo que llama el momento actual, pero cuidado, no es hacer más con menos, ni dejar de hacer lo que se puede. Cualquiera de las variantes anteriores convierte el necesario ahorro en despilfarro.
Ahorrar siempre significa trabajar con eficiencia, es decir, consumir lo necesario para producir un bien o prestar un servicio. Significa también emplear con eficacia las materias primas, los recursos financieros y el capital humano.
Por supuesto, que esta concepción del ahorro, incluye, mantener los sistemas de pago aprobados, que vinculan el salario a los resultados, no es cerrar empleos, es pagar según lo que se produzca, para crecer cuando sea posible, y sobre todo no perder la fuerzas de trabajo de cada entidad.
Significa el ahorro, no incrementar más los inventarios, sino emplear los recursos almacenados y poner en producción esos recursos inmovilizados.
Y en esta concepción no se olvida el control estricto de todo el proceso productivo que deben realizar las direcciones administrativas y los organismos competentes, quienes contarán siempre con el más amplio apoyo popular, que se deriva de la sabia popular, guarda ahora para tener mañana.
Luego de varios días de funcionar el país bajo estas restricciones, lo real es que las calles y comercios se mantienen llenas de ciudadanos, la familia realiza las compras, se mantiene las regulaciones de precios y la solidaridad entre cubanos se ha disparado.Los llamados de atención no cayeron en saco roto, y sí en oídos receptivos, que sienten la presión del control popular.
Una de las fortalezas del momento es la comunicación directa de la más alta dirección del país con la población, a pie del cañón, como diría un humilde ciudadano.
Podemos tener nuevas limitaciones, pero algo es seguro, sabemos cómo enfrentarlas, para no detenernos y continuar, hacemos nuevamente la historia de la resistencia, que en cierto sentido es el privilegio de vivir en Cuba.