Trap-os sucios en los oídos
Me monto en el mototaxi y poco a poco me sonrojo. No es por el calor ni nada parecido, es la música, si se le puede llamar así, que sale de las bocinas enormes en el medio de transporte.
El chofer tararea un estribillo plagado de violencia, sexo explícito, droga y malas palabras… reconozco que es Trap, conocido subgénero musical urbano que desde hace unos años “atrapa” a no pocos cubanos.
Surgido en el sur de los Estados Unidos, mezcla hip-hop con música electrónica. Para reconocerlo basta escuchar sus letras, que se identifican por su contenido sexual y violento. Los primeros intérpretes, vendedores de drogas, hablaban acerca de sus vivencias y ambiente, las armas de fuego, estupefacientes y mujeres- objetos. De ahí deriva el nombre, que en el habla callejera estadounidense hace referencia al sitio donde se comercializan las drogas.
Por su parte en América Latina, el movimiento surge desde principios de siglo, pero solo en los últimos años adquiere magnitud con cantantes como Bad Bunny, Ozuna, J Balvin o Maluma. Y en el caso de Cuba, aunque un poco tardío, el fenómeno irrumpió con gran fuerza.
Una vez aquí se ha propagado, como el más peligroso virus. No importa que la radio y la televisión no lo promueven, las canciones, en su gran mayoría machistas y violentas hacia las mujeres, llegan a través de los medios alternativos como las memorias flash, de móvil a móvil, por la internet, en los centros nocturnos y hasta en el transporte público.
Si bien el interés mayor se concentra entre los jóvenes que no rebasan los 25 años, del fenómeno del trap nadie se escapa, ya sea porque el vecino escandaloso nos obliga a convivir con esas palabrotas obscenas o porque tu propio hijo tiene el celular repleto de videos casi pornográficos y se dice así mismo que está “to durako, to Gucci que hace pooh, real hasta la muerte..”, y escribe en su Facebook casi en jeroglíficos, mientras usa la gorra “pal costado” y pone cara de asesino serial.
En mi opinión es para preocuparse. El trap rebasa los límites de representación de la violencia, las ilegalidades, y lamentablemente seduce desde lo mediático a los públicos más vulnerables, marcando así valores, opiniones, creencias y conductas inadecuadas en una juventud que aún no define sus modos de vida.
Si desde niños, los receptores solo escuchan escenas aberrantes y marginalidad ¿qué aprehenderán? ¿Será ese su modelo de vida? Basta mirar a nuestro alrededor para responder estas interrogantes. Es un reto que le urge a familia, a la escuela y la sociedad en general.