Luces de colores alumbran el arbolito de muchas casas. Entre la intermitencia y música de villancicos desconocida, una estrella en lo más alto, bastoncitos, regalos en miniatura, lazos brillantes y frutos de pino acompañan a Papá Noel.
Es el mes de diciembre, donde la Navidad cobra vida. Si bien es cierto que en nuestro país no todos festejan esta celebración, sí se ha arraigado en muchos cubanos.
Y aunque en la actualidad se ha convertido en un entramado de mercado y sociedad, su origen es netamente religioso: la tradición cristiana de celebrar el nacimiento del niño Jesús en Belén de Judea. La Biblia no menciona la fecha exacta de cuando ocurrió el suceso, sin embargo, por su significación para los creyentes es motivo de jolgorio y alegría.
Así lo expresa el Reverendo Juan Rodríguez, Pastor de la II Iglesia Bautista de Holguín.
“La navidad yo la veo como la iniciativa de Dios de darse a conocer al mundo, y el hecho de que Dios haya descendido del cielo para dar esperanza a este mundo nos hace entender también, que es el reflejo de su amor.”
Originalmente, la Iglesia de los primeros años de este siglo no celebraba el nacimiento de Jesús, pero el devenir de la historia hizo que costumbres arraigadas a diferentes cultos se fundieran a este hecho.
Desde entonces varias costumbres provenientes de culturas ajenas al cristianismo, como la de adornar árboles, utilizar luces de colores, los regalos, etc. se añadieron a las celebraciones para dar paso a una de las tradiciones más arraigadas en el mundo.
El origen de una tradición
El proceso de conquista y colonización al que fue sometida Cuba marcó el rumbo de su historia. La navidad no fue la excepción, y según nos cuenta el MSC. Paul Sarmiento, profesor de Historia de la Universidad de Holguín, “primero comenzó como una tradición de la élite española y cubana, y después se fue trasmitiendo a los demás sectores populares, inclusive a los esclavos. De este modo, se consolida entre finales del siglo XIX y principios del XX”.
Con la instauración de la República Neocolonial, la navidad adquiere mayor fuerza debido a la hegemonía y la influencia que ejercían los Estados Unidos sobre la Isla. Por esta época los políticos repartían premios, beneficios, hacían promesas y se “ganaban” el favor de los más necesitados. Incluso la prensa se hacía eco de ese espíritu navideño y se publicaban artículos relacionados con todas las actividades que realizaba el gobierno por la ocasión, mensajes y videos navideños.

El profesor de la Universidad de Holguín, Carlos Córdova comenta que cuando era niño, alrededor de los años 50, las tradiciones realmente se mantenían, la Navidad se esperaba con muchas ansias porque, “aunque éramos pobres siempre había por lo menos, un puerco asado, todas las casas trataban de tener uno y adentro lo rellenaban con aceitunas, pasas y a veces hasta un pollo; también se guardaba una botella de vino, se compraban uvas, pasas, avellanas, nueces, manzanas y se preparaban dulces de diferentes tipos.”
Pero con el triunfo revolucionario de 1959, el país comienza a experimentar diversos cambios y estas tradiciones fueron cambiando.
“Y se comienza a desplazar el 24 y 25 de diciembre, que eran los días festivos de las grandes comidas, al 31 de diciembre y 1ro de enero,” afirma el MSc. en Ciencias, Víctor Aguilera, también profesor de Historia de la Universidad de Holguín.
No es hasta los años 90 que se retoma y a partir de ese momento se comienzan a recibir una serie de artículos vinculados a la misma, y empieza a rescatarse la tradición.
Los holguineros opinan
Ante la interrogante de ¿qué significa para ti la navidad? los entrevistados que la celebran se refirieron a los valores de unidad familiar, creencias religiosas y alegría por los festejos, pero otros se mostraron escépticos y desconocidos con el asunto.
Muchos confirmaron celebrarla, aunque precisaron que es una tradición que se ha perdido aludiendo a motivos como necesidades económicas, altos precios de los productos navideños, las nuevas generaciones se mezclan con otras culturas, dejó de ser un legado familiar, por la cotidianidad, el trabajo, la falta de tiempo, rupturas familiares, entre otras razones.
El pueblo cubano encuentra en diciembre un mes para celebrar el fin de un año y el advenimiento de otro nuevo. Lo cierto es que con arbolito o sin él lo importante siempre es lograr la unidad familiar, y compartir con las personas más importantes de nuestras vidas, porque lo que se debe rescatar no es la fecha, sino el sentimiento.