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Que la infidelidad no sea el camino

13 Noviembre 2018
Autor  Ania Mulet Fernández
Foto: Internet

Porque Maluma el reguetonero colombiano inste a pasar el rato felices los cuatro y a agrandar el cuarto, no es por lo que la infidelidad está de moda.

 

La infidelidad tanto mental, como afectiva y física, ha estado de moda siempre, es inherente al ser humano, no sé si sea por lo que los creyentes llaman ‘pecado original’, cuestión que se remonta a los orígenes mismos de la vida en La Tierra según la tradición judaica-cristiana-musulmana; o por la poca presencia en el organismo de las hormonas oxitocina (encargada de modular comportamientos sociales, patrones sexuales y la conducta parental) y la arginina vasopresina (reguladora homeostática de fluidos, glucosa y sales en la sangre).

Tampoco significa que todas las personas la practiquen, pues hay quienes por la educación recibida o su personalidad, profesan, o intentan profesar de acuerdo a su fuerza de voluntad, obediencia y lealtad al prójimo, aun siendo víctimas de incomprensiones amorosas.

Esas personas intentar solucionar las crisis con la pareja desde la comunicación, o terminar la relación si no existen soluciones a corto o mediano plazo, por muy acostumbrado que se esté al otro y por muy atemorizado que se esté del futuro.

Siempre se ha dicho que la infidelidad ocurre cuando en la pareja falta algo, cuando no se encuentra lo que se busca, la relación no satisface al ciento por ciento las necesidades que antes sí eran cubiertas, o cuando no se ha definido exclusividad ni las fronteras de esta.

Especialistas en los ámbitos de la sociología y la psicología han definido entre sus causas más frecuentes la dependencia a los padres, la monotonía (que algunas parejas evitan teniendo relaciones extra sistemáticamente), la devaluación física, mental y sentimental, la intimación deficiente, la sobreprotección excesiva, la insatisfacción económica y la venganza.

Aunque en otras bibliografías también se cita como causa al machismo, conjunto de creencias, conductas, actitudes y prácticas sociales que según Federico Engels en el libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” son devenidas de las sociedades patriarcales, y en las que se concibe al varón por naturaleza superior a la mujer, dueño de ella, con la capacidad y posibilidad de poseer a varias.

La infidelidad es quizá perdonable, pero inolvidable, sobre todo cuando entraña un acto íntimo entre dos personas. Las consecuencias de la traición son irreversibles y difícilmente subsanables en cuanto a la confiabilidad de uno con respecto al otro y en el ámbito de la intimidad.

Por eso es mejor pensar las cosas antes de hacerlas, la tranquilidad, la estabilidad y el bienestar valen mucho, y no solo a nivel de pareja, sino también personal. La infidelidad sexual puede contribuir a la transmisión de enfermedades como la sífilis, la gonorrea y el VIH/Sida...

Valoremos a nuestra pareja y valorémonos.

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