Después de cinco años de esfuerzo concluyeron sus estudios de periodismo y se integrarán a los medios de prensa de la provincia nuevos profesionales, dotados de las competencias inherentes al ejercicio de la profesión contribuirán en gran medida al perfeccionamiento de la gestión de los órganos de prensa.
Parece que no ha transcurrido el tiempo desde que invadieron las redacciones para realizar sus prácticas pre profesionales, entonces, no tenían fronteras entre el entusiasmo y el empirismo, y todo les parecía posible de hacer, y, lo más importante, con su acción cotidiana demostraron que era realidad su pensamiento: nada es imposible de hacer, cuando se pone en ello, no solo la voluntad, sino, ante todo, el compromiso.
Actuaron con el ímpetu de los jóvenes, el que no les debe abandonar, porque en esta profesión, la pasión por hacer y decir, constituye el componente esencial de su desempeño ese espíritu lo demostraron en sus trabajos, los que, en ocasiones, superaron las sugerencias de los planes temáticos y vincularon sin academicismos, las problemáticas de las agendas públicas, políticas y las propias de los medios.
No entendían, de sectores ni divisiones en el vínculo con las fuentes, pues la información como bien público es un derecho, y, los usuarios de la misma, los públicos en general, solo demandan de ella, sin reparar en distribuciones administrativas.
Con su accionar, y sin saberlo, esos alegres y profundos muchachos, que hoy ostentan con orgullo el título de Licenciados en periodismo, han modificado la manera de funcionar en los medios, su generación, llamada digital, ha incorporado como algo natural, la inmediatez, el acceso a las redes, y borrado los límites entre los medios tradicionales para presentar productos comunicativos de alta calidad y poder de convocatoria.
Ahora los esperan nuevos retos, el primero, ser siempre eternos jóvenes inconformes con lo mal hecho y dispuestos, desde la fidelidad a los principios y la tradición revolucionaria de los periodistas holguineros a honrar la profesión, la que en ocasiones te provoca insatisfacciones, desvelos, pero nunca provoca el desánimo y la falta de confianza en la obra de construir un mundo mejor.