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Bonifacio Byrne el último poeta patriótico de los tiempos coloniales.

05 Julio 2018
Autor  Isabel Ríos

La poesía, fue para Bonifacio Byrne su principal arma  de lucha y de combate,  poeta cubano, que nació en la ciudad de Matanzas, el 3 de marzo de 1861 y murió en su ciudad natal el 5 de julio de 1936. Después de un período juvenil de iniciación en la poesía modernista.

No perdió un minuto de su tiempo a la creación poética, en la cual reflejó en cada una de sus obras, la necesidad del pueblo cubano de luchar, para lograr la independencia del colonialismo español.

Con la muerte del padre llegaron tiempos de estrechez económica para la familia. A los 16 años, el joven Bonifacio tuvo que trabajar como maestro en el mismo colegio en que fue alumno. Al año siguiente (1878) logró publicar su primer poema en un semanario matancero. Frecuentó los barrios periféricos como una experiencia interesante y supo de un submundo que le era desconocido. De sus amores con la mulata Eusebia Serrano, “la flor más linda de mi huerto”, como la llamaba, nació un hijo. Al deceso de ella (1880), escribió: “Murió con ella mi bendita calma/ ya de mi dicha se ha extinguido el sol”.

Desde la adolescencia tuvo inclinación por la literatura. En 1890 fundó los periódicos La Mañana y La Juventud Liberal. Publicó su primer libro de versos en 1893.

En 1896, tuvo que emigrar a los Estados Unidos al publicar sus sonetos en ocasión del fusilamiento de Domingo Mejía. En el exilio se dedicó a labores separatistas y fundó en Tampa, el Club Revolucionario, del cual fue secretario.

Durante su estancia en esa ciudad trabajó como lector de tabaquerías y colaboró en periódicos como: Patria, El Porvenir y en El Expedicionario.

Regresó a Cuba en 1899. Durante el período republicano fue secretario del Gobierno Provincial de Matanzas y de la Superintendencia Provincial de Escuelas.

Su accionar en la lucha por la independencia no se hizo esperar y en 1909 fundó el periódico El Yucayo. Colaboró en La Primavera, El Ateneo, Diario de Matanzas, El Fígaro y en La Discusión.

Por la defensa a Cuba y ciudad natal, fue declarado Hijo Eminente de Matanzas en 1915. Ese mismo año se trasladó a Nueva York para reponer su quebrantada salud.

Obtuvo galardones poéticos en los Juegos Florales de Sancti Spíritus en 1916 y Matanzas en 1934. Fue miembro fundador del Grupo Índice en 1935. Era socio correspondiente de la Academía Nacional de Artes y Letras.

Un gran número de sus composiciones poéticas quedaron sin ser publicadas o agrupadas en una bien merecida antología. Raimundo Lazo lo llama «el último poeta patriótico de los tiempos coloniales».

Desde la publicación en 1897 en la ciudad estadounidense de Filadelfia del poemario Efigies, conformado por sonetos patrióticos, a este autor se le considera, por la gran aceptación de esa obra, como uno de los poetas de la guerra Cubano-Española.

Pero fue El Poema Mi Bandera quien situó al literato en la cúspide de la defensa de los símbolos Patrio, el cual escribe al regresar a Cuba después de terminada la Guerra Hispano-Americana, y en ella expresa su angustia frente a la incertidumbre del futuro nacional amenazado por una bandera extranjera, que él pudo ver desde el barco en que entraba en la bahía de la Habana, izada en la fortaleza del Morro junto a la bandera cubana.

Un bofetón, no por esperado menos violento, le cruzó el rostro. En los mástiles, junto a la bandera amada, ondeaba la foránea. No tomó entonces lápiz y papel, como festinadamente algunos afirman, sino mucho después. Él mismo lo aclararía en el poema: “Desde el buque la vi esta mañana/ y no he visto otra cosa más triste”.

Cuando bajó a tierra a abrazarse con parientes y amigos, le notaron pensativo. Ya en la casa de Guanabacoa que lo acogió, pluma en ristre, se apartó de todos para enfrentarse a la página en blanco. “Al volver de distante ribera,/ con el alma enlutada y sombría,/afanoso busqué mi bandera/¡y otra he visto además de la mía!”

El poema “Mi bandera”, aunque incluido más tarde en el volumen Lira y espada (1901), apareció primeramente en el periódico matancero Cuba. Maestros patriotas de las dos primeras décadas del siglo XX, desatendiéndose de programas de estudios, ejercitaron la memoria de sus discípulos convocándolos a recitar esa composición. Uno de aquellos educandos, convertido a su vez en maestro, haría lo mismo en una escuelita de Lawton. Un alumno de ese centro, Camilo Cienfuegos, rememorando su época de escolar, escogería la última estrofa para arengar al pueblo en un momento trascendental de la historia de Cuba.

 

Mi Bandera

Al volver de distante ribera,/ con el alma enlutada y sombría,/afanoso busqué mi bandera/¡y otra he visto además de la mía!// ¿Dónde está mi bandera cubana,/la bandera más bella que existe?/¡Desde el buque la vi esta mañana,/y no he visto una cosa más triste… !// Con la fe de las almas austeras,/hoy sostengo con honda energía,/que no deben flotar dos banderas/donde basta con una: ¡la mía!// En los campos que hoy son un osario/vio a los bravos batiéndose juntos,/y ella ha sido el honroso sudario/de los pobres guerreros difuntos.// Orgullosa lució en la pelea,/sin pueril y romántico alarde;/¡al cubano que en ella no crea/se le debe azotar por cobarde!//En el fondo de obscuras prisiones/no escuchó ni la queja más leve,/y sus huellas en otras regiones son letreros de luz en la nieve…//¿No la veis? Mi bandera es aquella/que no ha sido jamás mercenaria,//y en la cual resplandece una estrella,/con más luz cuando más solitaria//Del destierro en el alma la traje/entre tantos recuerdos dispersos,/y he sabido rendirle homenaje/al hacerla flotar en mis versos.// Aunque lánguida y triste tremola,/mi ambición es que el Sol, con su lumbre,/la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!/ en el llano, en el mar y en la cumbre //Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día./¡nuestros muertos alzando los brazos/la sabrán defender todavía!

A 82 años de la desaparición física del poeta Bonifacio Byrne los cubanos lo recuerdan, como el hombre que siempre utilizó la pluma para empuñar su soneto en defensa de la Patria. Esa que para él era el pedestal más preciado.

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