Ser solidarios es una forma de crecimiento diario
Los cubanos estamos tan acostumbrados a tener la solidaridad como bandera, que muchas veces pensamos en ella vinculada al internacionalismo o la solidaridad en nuestro sistema social, y las más aventureras definiciones no son más relevantes que las cotidianas.
La solidaridad de todos aquellos actos que se caracterizan por compartir y prestar ayuda material o sentimental a los demás, a nuestros iguales, a los que tenemos cerca cada día, sin esperar nada a cambio, es de los más lindos valores que nos diferencian de los animales.
La búsqueda desinteresada del bien común, es tan simple como permitir a las personas, de manera individual o grupal, prestan su apoyo, protección, colaboración y ayuda a todos quienes lo necesiten y se manifiesta de las maneras más sutiles.
Saber escuchar, dedicar unos minutos para prestar atención a la persona afligida que necesita expresar sus sentimientos hacia una situación en particular y, en la medida de lo posible, dar apoyo, un consejo o simplemente oír es un ejemplo de solidaridad y apoyo.
Ofrecer y dar comida y medicamentos a los animales que se encuentran en situación de abandono, desvalidos o que viven en la calle, es un ejemplo de solidaridad.
También es un acto de solidaridad el cuidar y respetar el ambiente, sobre todo es elogiable si cuidamos el medio donde viven los otros, aunque no sea su espacio más inmediato.
También es ejemplo de solidaridad ser donador de sangre, e incluso de órganos, ya que las personas pueden colaborar para salvar la vida de otros seres que, por diversas razones, presentan algún tipo de enfermedad o déficit en el funcionamiento de sus órganos.
Es un acto de solidaridad ceder el asiento en el transporte público o puesto en una fila a las personas de la tercera edad, mujeres embarazadas o con niños e, incluso, a aquella persona que exprese estar sintiendo algún síntoma de malestar general. Ser solidarios es unos de los valores más encumbrados que nos distinguen como especie.