Síndrome de tesis
Durante los meses de mayo y junio tiene lugar un evento importante en la vida de muchos jóvenes universitarios: la discusión de las tesis de diploma. Seguro has experimentado los nervios pre-tesis, has sentido la presión de la entrega del informe cuando tienes la sensación de que aún hay detalles por cumplir.
Pensando en un comentario sobre este tema descubrí que sobre las tesis casi siempre se recuerda el estrés y las anécdotas de elaboración mucho mejor que los resultados tantos años de esfuerzo. Experiencias para compartir tengo muchísimas, las mías y las del resto de mis compañeros, los que acudieron a rituales religiosos, los que fueron bendecidos con la fuerza del destino para modificar los integrantes de su tribunal o a los que le salió “el tiro por la culata” intentando predecir.
También recuerdo las historias de los que lamentablemente sufrieron los tutores no muy colaboradores o los que fueron señalados por un oponente con “problemas personales”. Historias felices también las hay, pero las de estrés y preocupaciones resultan mucho más divertidas al final del camino. Por ejemplo, el que está haciendo tesis generalmente tiene alrededor de diez carpetas o más con el nombre de tesis y cuando va a buscar la última versión, no la encuentra. Es algo realmente gracioso ahora, pero en esos momentos, un dolor de cabeza seguro.
Te encuentras además con el que se le borró el archivo de la tesis a punto de terminar y no tenía más copias, el que extravió la memoria o le falló un mes antes de la discusión sin dejarle posibilidad alguna de rehacerla. Me pregunto ¿cómo habrán hecho los de la generación del disco tres y medio?
La tesis, es capaz de apartar a la más atractiva de las mujeres u hombre por dedicarle unas horitas más, los he conocido que piden tiempo para este periodo y cuando se gradúan ya no tienen a quien recuperar.
Y si contamos los estragos económicos que supone una graduación, entonces las cosas se pondrían serias. Cuántos de mis amigos, al mismo tiempo que redactaban pensaban en la ropa que se pondrían ese día, cuántos “hicieron lista” en las costureras o los sastres que le harían los costosos trajes. Bien dice mi madre que la logística en periodo de tesis también es importante. El brindis por si hay que hacerlo, el cake, la ensalada fría y hasta el buche de ron para que se entone el diplomante.
Qué me dicen de los que padecen estrés post-tesis, sí, los que sueñan semanas después y repiten los parlamentos que se aprendieron para la discusión.
Y al final, después de hablar como una carretilla, no invitar a todo el mundo por pena a las equivocaciones, el tartamudeo, la mirada gacha, la “tembladera” y el miedo al tribunal, ¿qué se siente?: el alivio más grande del mundo, nada se puede comparar con el sentimiento de estar graduado de una vez y listo para enfrentarlo y desafiarlo todo.
Por eso muchos recomiendan irse de fiesta, estar con la familia, aprovechar el tiempo libre antes de ser trabajador y el estrés vuelva a ocupar tus días, aunque algunos aseguran, que el que no ha sufrido el síndrome de tesis, no sabe lo que es la vida.