Si las mujeres y los hombres tuvieran la misma fuerza física no existiría la violencia de género, muchas personas creen erróneamente que cuando una mujer es feminista de ideología o simplemente ha logrado despojar su pensamiento de los patrones más raigales del patriarcado, es porque aspira ser igual al hombre.
La verdad es que no somos iguales y creo que tampoco queremos ser como ellos, el hecho de luchar por igualdad de oportunidades y derechos nada tiene que ver con querer equipararnos físicamente cuando es sabido que las féminas
promediamos una talla entre 7 y 10 cm inferior al hombre y pesamos alrededor de 10 kg menos.
Los hombres tienen más masa muscular, sus extremidades son más largas y su torso más amplio debido a los hombros más distanciados. Por todo esto, las mujeres tienen cierta desventaja mecánica que le impide levantar más peso y desarrollar menos fuerza, no obstante, nuestra elasticidad es hasta un 10% mayor, al igual que la movilidad articular.
Además de las diferencias físicas más evidentes, según afirman los entendidos, las mujeres tenemos menor número de hematíes, por lo que nuestra capacidad de transportas oxígeno es inferior, nuestra menor caja torácica determina un tejido pulmonar inferior, por lo tanto, la capacidad ventilatoria es menor y la frecuencia respiratoria debe aumentar para alcanzar igual ventilación que en los hombres.
Por si esto fuera poco están nuestras vilipendiadas hormonas, a las que muchas veces hacemos pagar la culpa de nuestros errores. La testosterona presente en las mujeres es alrededor de una décima que la que poseen los hombres, y debido a la influencia de esta hormona en el desarrollo de la fuerza y los músculos, las mujeres tienen menores posibilidades de desarrollar igual fuerza y tamaño muscular que los hombres, aun cuando se ejercitan de la misma forma. Además las mujeres tienen más estrógeno, hormona femenina que interfiere en el crecimiento muscular e incrementa la grasa corporal.
La respuesta a cómo surgió esta diferenciación la podemos buscar en la Teoría de la Selección Natural de Darwin o en muchas otras fuentes, científica o religiosas, pero la verdad es que nuestro cuerpo es más frágil y requiere cuidados.
Muchas veces las mujeres nos ocupamos de los cuidados más superficiales, sin embargo cuando pensamos en nuestro cuerpo debemos preocuparnos no solo de su apariencia, sino de los cuidados que demanda internamente.
Mantener una limpieza e higiene corporal adecuada es muy importante, ya que previene de ciertas enfermedades e infecciones, esto sucede, por ejemplo, con el interior de la boca y los órganos genitales, que constituyen zonas donde, además de generarse olores corporales de cierta intensidad, pueden producirse un sinfín de trastornos y molestias, derivados de la falta de higiene.
En el caso de la mujer, las infecciones vaginales son más frecuentes en los períodos de tensión (embarazo), cuando su condición física general decae, pero el sobrepeso también puede predisponerla a las infecciones, ya que en los pliegues de grasa se acumulan las secreciones vaginales y el sudor. Es por este motivo que las mujeres después de cierta edad deben realizarse algunos exámenes en forma permanente.
La salud reproductiva es muy importante en la mujer a lo largo de las diferentes etapas de su vida. Las jóvenes se interesan -sobre todo- por la anticoncepción y las enfermedades de transmisión sexual; en la etapa adulta, el control del embarazo y el parto son la base fundamental de las consultas de ginecología y en edad más avanzada, el tema ginecológico y la prevención del cáncer es lo que más las inquieta.
No hay que olvidar que, existen una serie de enfermedades que si se pronostican con tiempo pueden salvar vidas. Un ejemplo es el cáncer de mama que constituye una gran amenaza para todas las mujeres, especialmente para aquellas que ya han pasado los 50 años.
Toda mujer mayor de cuarenta años debe intensificar sus controles, aunque la población con más riesgo se encuentra en aquellas mujeres mayores de cincuenta años. De hecho, a esa edad se quintuplica el riesgo de contraer cáncer de mama, en comparación con las mujeres de cuarenta años.
Luego de superar los exámenes de rutina, es importante preocuparse del peso, sobre todo en la cantidad de grasa en abdomen y trasero, que reflejan sedentarismo (falta de ejercicio) o deficiente alimentación (demasiadas masas o alimentos grasos).
El motivo más común para los problemas estéticos corporales, es la acumulación de grasa subcutánea y el deterioro progresivo de las funciones de la piel. Entre los resultados más conocidos, está el hecho de que el cuerpo pierde sus formas naturales, pudiendo incluso afectar a las funciones físicas de distintos órganos, se pierde el aspecto juvenil y los contornos se desdibujan.
Por otra parte, la piel pierde elasticidad, se vuelve seca y empiezan a asomarse las estrías. Al igual que la celulitis, las estrías atacan principalmente a las mujeres, al 75% de las adolescentes y al 85% de las embarazadas, por lo que se convierten en un problema de primer orden.
Contrariamente a lo que se creía hace tiempo, no es el estiramiento de la piel cuando se gana peso o durante los meses de embarazo, el principal causante de las estrías. Investigaciones intensivas han llegado a la conclusión que son los desequilibrios hormonales los que provocan un exceso de secreción de cortisona y una alteración de las fibras elásticas de la dermis.
Es alrededor de los 30 años cuando el cuerpo se redondea y empieza a acumular grasa subcutánea, principalmente en las caderas y el vientre. Así, la tendencia a engordar se convierte en una amenaza permanente. A partir de los 40 años, la piel de todo el cuerpo comienza una etapa de desvitalización general. A la pérdida de firmeza y suavidad, se une la falta de hidratación natural.
Los tratamientos cosméticos, en general, únicamente son válidos como prevención, ya que una vez que la estría está instalada, es imposible de eliminar, aunque sí pueden atenuarse mediante cuidados específicos. Además de utilizar cremas con los ingredientes adecuados para favorecer la prevención y la regresión de las estrías, conviene utilizar otros cosméticos que siempre tengan la facultad de mantener la piel tersa, suave y flexible.
En general todos los cuidados del cuerpo requieren de cierta inversión, como ir a la peluquería, acudir a un gimnasio, realizarse tratamientos de belleza son efectivo pero muchas veces caros. Por esto existen alternativas que muchas veces pueden mejorar la apariencia de las personas.
La ducha también puede desarrollar un efecto tonificante para la circulación sanguínea, lo que beneficia al buen tono muscular tanto como al aspecto de la piel", asegura la profesional. Los deportes siempre son recomendados para la salud en general, así como para verse cada día mejor y cuidar un poco más nuestro cuerpo.