Opinión
Llega septiembre, a mediados de mes iniciará el otoño, aunque este dato para los cubanos no tiene relevancia alguna por las características similares de nuestro clima, en todas las épocas del año.
Quienes habitamos entre los ríos Jigüe y Marañón somos cómplices de esta ciudad, al transitar por sus calles largas y rectas, parques o plazas surgidas o restauradas, sentimos todo el amor que un hijo profesa a sus padres.
“Este agosto sí está caliente, más que el año pasado,” es una afirmación que no por repetida en cada verano, amilana a los cubanos y cubanas. Entre calores y alguna que otra refrescante cerveza cambian por unas semanas nuestras costumbres habituales de vida, la forma de vestirnos, todos sucumbimos a los dictados del verano.
¿Cuál es el bien más preciado de la sociedad? No es La Tierra, no es el oro, ni el Producto Interno Bruto. Es la juventud. “Si los jóvenes fallan, todo fallará”, lo dijo Fidel Castro en respuesta al Mensaje de la Juventud Comunista del 23 de junio de 2007.
En el trabajo en grupo es vital lograr la sinergia, elemento primordial si se quiere arribar a conclusiones efectivas, al siempre deseado consenso. De ahí la importancia de aprender a respetar el punto de vista de los demás, saber escuchar y adentrarse en lo positivo de esta sentencia, “lo relativo de lo absoluto”.
Desde que apareció el Internet, y con él las redes sociales, todo parece más fácil. No hay distancias ni husos horarios que valgan. Están de pláceme los introvertidos, son pocas las diferencias amistosas y amorosas que encuentran el contexto ideal para desarrollarse, muchas las discrepancias estéticas, culinarias, políticas... que pululan cual bacterias en su huésped, y también muchos espías.