El sueño de mi amigo Rey siempre fue hacerse maestro, pero los embates de su familia, a veces terca y ambiciosa, lastraron las esperanzas. Diez años después, cuando mi socio de la primaria se preparaba para graduarse de Medicina, mi conciencia construía cual deja vú insistente una historia similar, y formulaba nuevos juicios al oír: “Mami, ya lo decidí. Yo seré maestro”.
La música parece haber salido de la caldera de una hechicera, o quizá, del sombrero de copa de un mago. Porque es encantadora y encanta.
Concluye uno de los procesos de participación ciudadana más genuinos y trascendentes de los vividos por Cuba en los últimos años. Se trata de la consulta popular del Proyecto de Constitución que inició el pasado 13 de agosto y movilizó a todo el país.
Desde niños aprendemos que la vida se compone de las capacidades de nacer, metabolizar, crecer, responder a estímulos externos, reproducirse y morir.
Es un tema de conversación recurrente en las calles, barrios y casas. Los cambios que promueve el Proyecto de Constitución abarcan diversas aristas de la sociedad como la economía y los derechos sociales.
Se dice que nadie tiene una segunda oportunidad para dar una buena primera impresión, la que es muy difícil de borrar; una enunciación que desde lo popular podría traducirse en criar fama y acostarse a dormir.