Desde que apareció el Internet, y con él las redes sociales, todo parece más fácil. No hay distancias ni husos horarios que valgan. Están de pláceme los introvertidos, son pocas las diferencias amistosas y amorosas que encuentran el contexto ideal para desarrollarse, muchas las discrepancias estéticas, culinarias, políticas... que pululan cual bacterias en su huésped, y también muchos espías.