El sueño de mi amigo Rey siempre fue hacerse maestro, pero los embates de su familia, a veces terca y ambiciosa, lastraron las esperanzas. Diez años después, cuando mi socio de la primaria se preparaba para graduarse de Medicina, mi conciencia construía cual deja vú insistente una historia similar, y formulaba nuevos juicios al oír: “Mami, ya lo decidí. Yo seré maestro”.