Responde a la primera pregunta con total desenfado: “llegué al magisterio de la nada, quiero decir, sin una preparación o curso previo, entonces tenía 17 años, y vivía en una pequeña comunidad llamada Loma Blanca, cerca de la ciudad de San Germán, después renombrada Urbano Noris.”
El sueño de mi amigo Rey siempre fue hacerse maestro, pero los embates de su familia, a veces terca y ambiciosa, lastraron las esperanzas. Diez años después, cuando mi socio de la primaria se preparaba para graduarse de Medicina, mi conciencia construía cual deja vú insistente una historia similar, y formulaba nuevos juicios al oír: “Mami, ya lo decidí. Yo seré maestro”.
Es un hombre inquieto, confiesa que siempre está pensando en hacer algo, cualidad que atribuye a su profesión, su nombre es Francisco Guayo Cruz, y revela que en su adolescencia y juventud estudió en la Escuela Vocacional Militar “Camilo Cienfuegos”, soñaba con ser ingeniero naval, no pudo ser, decidió entonces estudiar licenciatura en cultura física, y cumplir un sueño de los padres, ser maestro.
Alguien puede pensar que ser la maestra de computación en una escuela primaria en Cuba es una tarea fácil, debido a las limitaciones tecnológicas o de conectividad, que enfrenta la sociedad, pero pregúntele a Yudith Huerta Duany, que ha dedicado 14 de sus 34 años a enseñar esa disciplina en el seminternado “Calixto García” de nuestra ciudad.
La educación es y será baluarte de la Revolución, porque desde las entrañas de la historia renació para convertirse en paradigma de altruismo, que hay que seguir ponderando para continuar labrando el futuro.
“Soy maestra de preescolar, quizás el grado más difícil de todas las enseñanzas, y lo afirmo tras 29 años de experiencia como educadora, profesión a la que llegué, como muchos jóvenes de mi época, al terminar el noveno grado e iniciar los estudios en la escuela de educadoras de círculos infantiles “Lucia Iñiguez”.”Así declara Flor María Zamora Zayas, que actualmente trabaja en la escuela primaria Rubén Bravo de la ciudad de Holguín.