El mundo actual, alcanzado después de múltiples logros de la sabiduría humana, es también, contradictoriamente, la época histórica donde más amenazada se encuentra la vida del hombre.
La relación hombre-naturaleza en sus inicios no apuntaba a ningún desastre, pues la naturaleza podía reponer los recursos utilizados por el hombre para vivir, todo cambió después de la Revolución Industrial; la humanidad podía trasformar más y más recursos, para aumentar su nivel de vida e iniciar la construcción de su propia destrucción. Se inició de este modo la relación medio ambiente – economía.
Es innegable que el desarrollo de la sociedad no puede realizarse sin el incremento de la producción de bienes y servicios, y eso implica un consumo mayor de recursos naturales, expresado como desarrollo de las fuerzas productivas, proceso que genera , entre otras consecuencias, el agotamiento de los recursos no renovables, la generación de grandes focos de contaminación, la destrucción del hábitat de especies de la flora y la fauna, el aumento de la emisión de gases con efecto invernadero, el agotamiento de los suelos, la pérdida de la fertilidad, el aumento de la contaminación sonora el estrés y diversas enfermedades como el cáncer o los accidentes cerebro vasculares.
Llegado este momento podemos formular una pregunta. ¿La ecuación anterior solo tiene un lado negativo?
La respuesta es negativa. El hombre puede revertir la situación y hacer de la relación medio ambiente-economía, una fortaleza para su desarrollo si por ejemplo; elevara el desarrollo de sus fuerzas productivas, sobre la base de la eficiencia y no del aumento del consumo de recursos naturales; empleara técnicas de conservación y rehabilitación de suelos , plantas y especies; desarrollara prácticas de agricultura agroecológica; disminuyera la emisión de gases contaminantes, diseñara y ejecutara políticas de estado para la protección del medio ambiente; eliminara el gasto de la producción de armamentos y los dedicara a la protección de la vida.
Estas políticas públicas requieren de voluntad y decisión de los gobiernos, sean de izquierda o derecha, y por supuesto la cooperación de la toda la sociedad.
Desde mediados de agosto el mundo asiste a una de las catástrofes más severas de todas las épocas, sus consecuencias son a corto, mediano y largo plazo, arde la Amazonía, y lo hace por los intereses económicos de trasnacionales dedicadas a negocios ganaderos o de construcción, que necesitan esas áreas para fomentar sus inversiones. No les interesa combatir las llamas pues ellas son el combustible necesario a sus fortunas.
Según datos publicados por el diario español El PAIS, en una de sus ediciones de finales del mes de agosto, prenderle fuego a mil hectáreas de la zona llamada Amazonía, vale cerca de un millón de reales brasileños, o unos doscientos veinte mil euros, mientras que en el pantanal, llanura aluvial que abarca zonas de Brasil, Bolivia y Paraguay, el valor asciende a unos veinte millones de reales o más de cuatro millones de euros, que esas trasnacionales y políticos corruptos pagan a grupos organizados de delincuentes y bandas criminales encargas de la ejecución material de los incendios.
El desmedido afán de lucro de esas trasnacionales puede y lo está logrando, convertir el pulmón de nuestro planeta en una inmensa zona deforestada con impacto en los regímenes de lluvia y el calentamiento global,
La concepción de un desarrollo sostenible, requiere para su expresión, de ritmos y estructuras de crecimientos de las economías nacionales o regionales que aseguren la prosperidad, en armonía con el medio ambiente y preservando los recursos naturales y patrimoniales de cada nación, objetivo inalcanzable sin justicia social
La idea anterior debe ser entendida como un compromiso para todos los tiempos que asegura la existencia de la humanidad y el medio ambiente escenarios naturales de la vida y el bienestar, pues hoy las trasnacionales queman para ganar y nos ponen a todos en el camino de perder.