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Quemar, ganar y perder

24 Septiembre 2019
Autor  Fidel Troya
Foto: Internet

El mundo actual, alcanzado después de múltiples logros de la sabiduría humana, es también, contradictoriamente, la época histórica donde más amenazada se encuentra la vida del hombre.

 

La relación hombre-naturaleza en sus inicios no apuntaba a ningún desastre, pues la naturaleza podía reponer los recursos utilizados por el hombre para vivir, todo cambió después de la Revolución Industrial; la humanidad podía trasformar más y más recursos, para aumentar su nivel de vida e iniciar la construcción de su propia destrucción. Se inició de este modo la relación medio ambiente – economía.

Es innegable que el desarrollo de la sociedad no puede realizarse sin el incremento de la producción de bienes y servicios, y eso implica un consumo mayor de recursos naturales, expresado como desarrollo de las fuerzas productivas, proceso que genera , entre otras consecuencias, el agotamiento de los recursos no renovables, la generación de grandes focos de contaminación, la destrucción del hábitat de especies de la flora y la fauna, el aumento de la emisión de gases con efecto invernadero, el agotamiento de los suelos, la pérdida de la fertilidad, el aumento de la contaminación sonora el estrés y diversas enfermedades como el cáncer o los accidentes cerebro vasculares.

Llegado este momento podemos formular una pregunta. ¿La ecuación anterior solo tiene un lado negativo?

La respuesta es negativa. El hombre puede revertir la situación y hacer de la relación medio ambiente-economía, una fortaleza para su desarrollo si por ejemplo; elevara el desarrollo de sus fuerzas productivas, sobre la base de la eficiencia y no del aumento del consumo de recursos naturales; empleara técnicas de conservación y rehabilitación de suelos , plantas y especies; desarrollara prácticas de agricultura agroecológica; disminuyera la emisión de gases contaminantes, diseñara y ejecutara políticas de estado para la protección del medio ambiente; eliminara el gasto de la producción de armamentos y los dedicara a la protección de la vida.

Estas políticas públicas requieren de voluntad y decisión de los gobiernos, sean de izquierda o derecha, y por supuesto la cooperación de la toda la sociedad.

Desde mediados de agosto el mundo asiste a una de las catástrofes más severas de todas las épocas, sus consecuencias son a corto, mediano y largo plazo, arde la Amazonía, y lo hace por los intereses económicos de trasnacionales dedicadas a negocios ganaderos o de construcción, que necesitan esas áreas para fomentar sus inversiones. No les interesa combatir las llamas pues ellas son el combustible necesario a sus fortunas.

Según datos publicados por el diario español El PAIS, en una de sus ediciones de finales del mes de agosto, prenderle fuego a mil hectáreas de la zona llamada Amazonía, vale cerca de un millón de reales brasileños, o unos doscientos veinte mil euros, mientras que en el pantanal, llanura aluvial que abarca zonas de Brasil, Bolivia y Paraguay, el valor asciende a unos veinte millones de reales o más de cuatro millones de euros, que esas trasnacionales y políticos corruptos pagan  a grupos organizados de delincuentes y bandas criminales encargas de la ejecución material de los incendios.

El desmedido afán de lucro de esas trasnacionales puede y lo está logrando, convertir el pulmón de nuestro planeta en una inmensa zona deforestada con impacto en los regímenes de lluvia y el calentamiento global,

La concepción de un desarrollo sostenible, requiere para su expresión, de ritmos y estructuras de crecimientos de las economías nacionales o regionales que aseguren la prosperidad, en armonía con el medio ambiente y preservando los recursos naturales y patrimoniales de cada nación, objetivo inalcanzable sin justicia social

La idea anterior debe ser entendida como un compromiso para todos los tiempos que asegura la existencia de la humanidad y el medio ambiente escenarios naturales de la vida y el bienestar, pues hoy las trasnacionales queman para ganar y nos ponen a todos en el camino de perder.

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