El bien más preciado de la sociedad
¿Cuál es el bien más preciado de la sociedad? No es La Tierra, no es el oro, ni el Producto Interno Bruto. Es la juventud. “Si los jóvenes fallan, todo fallará”, lo dijo Fidel Castro en respuesta al Mensaje de la Juventud Comunista del 23 de junio de 2007.
Y así es, porque en nosotros se erige una generación mejor que las anteriores, con muchas más virtudes que defectos, que los errores de nuestros predecesores, con mayor sabiduría, preparación y cúmulo de conocimientos, porque como se ha dicho, sin sonar literata, somos la materia prima del mañana con la cual se construirá la sociedad del mañana.
En la Asamblea General de las Naciones Unidas, órgano representante de la Organización de Naciones Unidas, también se pensó igual al declarar desde el año 1999 el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud; cumpliendo con la recomendación de la Conferencia Mundial de Ministros de Asuntos de la Juventud, realizada un año antes. Aunque ya en 1995 la ONU había aprobado el PAMJ (Programa de Acción Mundial para los Jóvenes).
Un día para reafirmar los compromisos asumidos en ese programa, tratando de incrementar el conocimiento sobre la situación global de la juventud y la comprensión de sus necesidades y aspiraciones, promoviendo políticas supranacionales y locales entre entes estatales y privados para salvaguardarla. Una jornada en la que se procura elaborar normas internacionales que aumenten y fortalezcan los derechos de los jóvenes, ante tantos miles, millones, que no los tienen en cuenta, que hacen y deshacen sin pedir su opinión, que relegan, que entierran, a lo que se ha respondido con paros, huelgas...
Una vez más puedo poner de positivo ejemplo a nuestro país, que no por obligación de un organismo superior se ha planteado proteger su juventud y la del mundo, y no únicamente el 12 de agosto, sino los 365 días del año, a través de la articulación de sus organizaciones de masas, estudiantiles y políticas, y movimientos juveniles, estructuras todas forjadas en la concepción marxista-leninista, las ideas y la práctica del pensamiento de Maceo, Martí, Camilo, el Che y Fidel, herederas y continuadoras de las tradiciones de lucha de los jóvenes cubanos que, a lo largo de la historia, han sido parte esencial de la avanzada revolucionaria, como lo mostró la actitud de los Cinco Héroes, genuinos representantes de las generaciones formadas por la Revolución.
En nosotros, a diario, se depositan grandes tareas, porque confían, creen en nosotros, porque no nos ven solamente como la parte del pueblo más entusiasta, entusiasta pero irreflexiva, llena de energía, pero incapaz, sin experiencia. Como lo expresó Fidel: “Creer en los jóvenes es ver en ellos además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la Patria, fe en la Patria, amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismos, convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz (...)”.
Se observó en nuestras guerras por la independencia y se observa hoy en tantos jóvenes dirigentes, profesores y médicos, científicos, que crean por y para el bien de la humanidad. La cantera de nuestra sociedad de hoy, que ya es mañana.