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Oscar Lucero, primero la patria

30 Abril 2019
Autor  Yudelki Castillo Mulet
Foto: Periódico ¡ahora!

Quizás para algunos Oscar Lucero Moya solo signifique el nombre de la Universidad de Holguín, o para los más allegados a nuestro municipio, la referencia del conocido reparto.

 

Sin embargo, nuestra historia ha demostrado que tiene mucho más por contar.  

Hoy se cumple el aniversario 91 del natalicio de este joven, con 30 años supo anteponer las necesidades de su patria, antes que sus propios intereses.

Algunos de los aspectos más importantes a resaltar sobre su persona se resumen en la estrecha amistad con Frank País, su membresía en el Partido de la Juventud Ortodoxa y en el Partido Ortodoxo.

Oscar comenzó sus actividades revolucionarias en su tierra natal, Santiago de Cuba. Tras el intento infructuoso de la fundación del II Frente en la zona noroeste oriental, fue designado por la dirección del Movimiento 26 de julio para reorganizar y coordinar la lucha en Holguín.

Luego de varios meses de labor junto a otros compañeros del movimiento, se logró materializar una de las misiones clave en esta zona: el ajusticiamiento revolucionario del coronel Cowley Gallegos, ejecutor principal de las tristemente célebres Pascuas Sangrientas, que aún enlutan hogares holguineros.

Participa también en acciones revolucionarias durante la huelga del nueve de abril en La Habana y en varias acciones de sabotaje. También fue protagonista del espectacular secuestro del cinco veces campeón del mundo en automovilismo, Juan Manuel Fangio.

La lucha clandestina continuaría incrementándose, al mismo tiempo que la represión de la tiranía se tornaba cada vez más violenta y sedienta de sangre.

La muerte le llegó lenta y despiadada al ser apresado por la tiranía batistiana. Sufrió 20 días calabozo y tortura, debido a todos los conocimientos que poseía del movimiento revolucionario en todo el país. En una de las paredes de su celda se encontró escrito con sangre “18 de mayo de 1958. Aún vivo, Oscar”.

A pesar de que le fue destrozada toda su anatomía, nunca dijo una sola palabra. Por eso es conocido como el Mártir del Silencio.

Su postura y firmeza inconmovibles le permitirían vivir para siempre en el decoro y la dignidad de los cubanos.