Historia de dos Constituciones
Este 10 de abril se cumplen nada más y nada menos que 150 años de ser redactada la primera constitución que vio la luz en la Cuba libre: la constitución de Guáimaro. Como a todos se nos enseñó en historia, debido a la necesaria unidad de todas las fuerzas que luchaban en la guerra, fue convocada una Asamblea; la misma contó con el concurso de delegados de distintas zonas del país, de representantes del ejercito libertador, de intelectuales y mujeres.
Indudablemente, la constitución redactada en esta localidad camagüeyana significó un capítulo muy importante en nuestra historia patria; un momento de inflexión que demostró que las guerras de liberación también estaban de parte del orden, la ley, la legalidad y la igualdad.
Sin embargo, más allá del aniversario, hay otra razón que nos debe poner a recordar, a pensar sobre las implicaciones de la Constitución de Guáimaro.

Hace poco más de un mes, el pasado 24 de febrero, fue aprobada por voto mayoritario en todo el territorio nacional una nueva Carta Magna. En esta se aunaron las voces de millones de cubanos de todas las extracciones sociales para llegar a un consenso de cómo queríamos que fuera la ley fundamental que nos rigiera a todos; su aprobación se fundamentó sobre el voto de casi 7 millones de personas.
Sin embargo, si la Constitución de Guáimaro se encontró con dificultades propias de la guerra, la actual se enfrenta a una serie de retos más sutiles pero no por ello menos difíciles; aún están por ver, pero entre estos retos sin duda podemos contar la situación internacional, que no tiene visos de mejora; y el momento crucial por el que está pasando la Revolución al darle paso la generación histórica a nuevas personalidades, quienes cargan una gigantesca responsabilidad.
También, será a partir de ahora tarea de todos velar por la correcta aplicación de la Ley, que no se vea diluida o acentuada según las circunstancias y las personas que la interpretan.
Hagamos un llamado y un compromiso a defender la Constitución del 24 de febrero, no como letra sobre papel, sino como el compromiso con el que cada cual votó: de llevar adelante nuestro país, de defender nuestra sociedad inclusiva y plural, de proteger la nacionalidad y la cultura… y sobre todo, nuestra independencia y cubanía.