El ejemplo de entrega y fidelidad del Comandante Juan Almeida Bosque se recordó este 17 de febrero, al cumplirse 92 años de su natalicio, jefe militar que supo conquistar las simpatías de muchas personas por su carácter, sensibilidad, y porque mostraba benevolencia hacia sus compatriotas.
El combatiente que desde pequeño creció bajo los ejemplos de ética y moral de su humilde familia, en su natal barrio habanero de Los Pinos, fue desarrollando una conciencia humanista que, definitivamente, se consolidó al comenzar a participar en la lucha en respuesta al golpe de estado del 10 de marzo de 1952.
Distingue a este legendario guerrillero su perspectiva de vaticinar a Fidel Castro como guía capaz de dar un vuelco a la situación asfixiante de una república mutilada. Fue uno más de los combatientes que participó en el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.
En el juicio a los asaltantes, no claudicó cuando le conminaron a arrepentirse de la acción: “No señor –dijo al juez-, si tuviera que volver a hacerlo, lo haría; no le quede la menor duda a este tribunal”. Como resultado de la vista fue a parar al Presidio Modelo, de la Isla de Pinos, sancionado a diez años de cárcel y unos años después fue amnistiado junto a sus compañeros, debido a la presión popular.
Fe uno más de los expedicionarios del yate Granma que desembarcó en el oriente de la isla, suceso que marcó el inicio de una gran contienda que no se detuvo hasta lograr el triunfo de la Revolución Cubana.
Con solo 31 años fue ascendido al grado de Comandante del Ejército Rebelde y luego Fidel le encomendó la responsabilidad de la Columna 3 y la fundación del Tercer Frente Oriental “Mario Muñoz.”
Después del triunfo de la Revolución, el rebelde, poeta y compositor, no tuvo un minuto de descanso, cumplió con creces diversas misiones, entre ellas, la jefatura de la Fuerza Aérea Rebelde, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido, vicepresidente del Consejo de Estado, Diputado al Parlamento y presidente fundador de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
El ejemplo de Almeida subsiste en los revolucionarios cubanos y su impronta; en la labor benéfica y humanista que fomentó toda su vida; así como en su familia y su pueblo que, de seguro, no olvidarán jamás al hombre que en medio de la adversidad más cegadora se repuso y dio aliento a hombres que en ese mismo momento, casi sin saberlo, se convertían en el futuro de la Revolución.