Ana Betancourt, mujer ejemplo
La historia de Cuba destaca la labor incondicional de Ana Betancourt, que decidió incorporarse a la lucha redentora, dando muestras innegables de valor y grandeza, se destacó en la clandestinidad, sumando patriotas a la causa; incluso, llegó a ocupar responsabilidades en el Comité Revolucionario de Camagüey, su ciudad natal, pero fue muy perseguida y presionada.
Su nombre se difundió por toda Cuba en la Asamblea Constituyente de Guáimaro (1869), en la que José Martí posteriormente, en sus escritos, la describió en detalles: “…una mujer de oratoria vibrante… anuncia que el fuego de la libertad y el ansia del martirio no calientan con más viveza el alma del hombre que de la mujer cubana”.
El propio Carlos Manuel de Céspedes ese día la abrazó y quedó asombrado de su valentía, admirado por una mujer que había ganado un lugar en la historia porque, según él, “adelantándose a su siglo pidió la emancipación de la mujer”.
La estirpe de Ana conmovió a los presentes en la plaza pública de Guáimaro, cuando expuso:
“Ciudadanos, aquí todo era esclavo, la cuna, el color y el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color y emancipado al siervo. Llegó el momento de liberar a la mujer”.
Abrió la brecha para la lucha tenaz y difícil que sostendría la mujer cubana durante más de cien años por la independencia de la patria, y por conquistar un espacio digno dentro de la sociedad.
Por sus ideas libertarias fue perseguida por las tropas españolas y desterrada. Tuvo que recorrer diferentes países: Estados Unidos, Jamaica, El Salvador y España.
Después del Pacto del Zanjón regresa a Cuba, pero tuvo que regresar a España por problemas serios de salud, donde falleció el 7 de febrero de 1901, tenía 68 años de edad.
Sus restos fueron retornados a Cuba 67 años después, en septiembre de 1968, gracias a las insistentes gestiones realizadas por la dirección de la Revolución y en especial, de la destacada heroína de la Sierra y del llano Celia Sánchez Manduley.
En su atributo fue creada la Orden Ana Betancourt al mérito, otorgada a aquellas mujeres que por su acción y labor hayan contribuido a la defensa de los valores femeninos y revolucionarios, que demuestren méritos revolucionarios e internacionalistas o de gran valor en algún frente de trabajo de interés nacional. En un principio fue ideada esta orden como máximo galardón a ser otorgado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Desde 1979 fue elevada al grado de Premio de Estado.
Por estos días las ideas de esta patriota y revolucionaria camagüeyana están presentes, cuando el próximo 24 de febrero los cubanos aprobaran en las urnas la Constitución, en la cual se refrenda en su artículo 43: que la mujer y el hombre tienen iguales derechos y responsabilidades en lo económico, político, cultural, laboral, social, familiar y en cualquier otro ámbito.
Hace 118 años deja de existir físicamente esta excepcional mujer, apegada a sus doctrinas hasta su último aliento, símbolo de patriota consecuente, fidelidad sin límites y firmeza de ideales, capaz de poner los intereses colectivos, los de su querida Patria, por encima del bienestar individual.