¿Armonía o ruido?
Actualmente se ha convertido en una práctica usual de jóvenes (y no tan jóvenes), portar esos modernos dispositivos reproductores de audio a todo volumen, las bocinas portátiles.
Tal parece que como todo lo antiguo, últimamente, se pone de moda, los amantes del estilo retro regresan, principalmente los hombres. Recordemos aquella grabadora en hombros, pantalones acampanados y una peineta en el bolsillo, escuchando alguno de los éxitos de la década.
Pero los tiempos han cambiado y aquella grabadora se ha convertido en teléfonos celulares y bocinas de todo tipo, color, tamaño y potencia, que lejos de crear armonía, molestan con ruido por donde pasan.
No les importa el lugar donde estén, siempre y cuando puedan disfrutar de su música. No distinguen entre la intimidad de su cuarto o su casa y los corredores de nuestra ciudad, los parques, las paradas de ómnibus, transportándose en ellos, en la calle.
Y es que en ocasiones no solo molesta el volumen con que se escucha la música, pues las letras de las canciones dejan mucho que desear.

Existen leyes ambientales que prohíben producir sonidos, ruidos, vibraciones y otros factores físicos que afecten o puedan afectar a la salud humana, o dañar la calidad de vida de la población.
Según los especialistas el ruido puede provocar interferencias en la comunicación hablada, problemas de equilibrio, cefalea, hipertensión, perturbaciones en la atención, afecciones de la voz y estrés.
¿Será que la educación civil es solo una asignatura que se reproduce y no se interpreta? Existen normas que rigen la convivencia entre personas civilizadas, donde deben primar la solidaridad, la cooperación y la convivencia ciudadana
El respeto por el espacio privado y el orden público son algunas de las clases que a muchos les quedan pendientes. No interesa si a su lado se encuentra una anciana, un niño, un enfermo, o cualquiera de nosotros, que simplemente quiere un poco de tranquilidad, conversar con la pareja o un amigo. La música es para disfrutar y compartir, pero sin molestar con altos decibeles y lenguaje grosero a quienes nos rodean.