Mucho se habla de la necesidad de un comportamiento ético en el actuar cotidiano, sin embargo no siempre se reflexiona sobre las normas morales que deben acompañar ese desempeño y, lamentablemente, por causas atribuidas al ritmo diario, a las urgencias del trabajo u otros compromisos sociales o individuales, dejamos a un lado el pensar sobre tan importante aspecto de nuestra condición humana.
El tema fue objeto de análisis en el X Congreso de la Unión de Periodistas realizado el pasado mes de julio, y provocó uno de sus acuerdos más transcendentales, generar un debate colectivo sobre el código de ética y conducta moral que debe regir la actuación de los profesionales del sector en nuestro país.
Es cierto que los delegados al congreso de referencia podían aprobarlo, estaban en la capacidad de hacerlo, pero se habría perdido la reflexión colectiva sobre tan decisivo tema, pues la eficiencia de un sistema de gestión para los medios públicos del país, de particular trascendencia en nuestros días, transita no solo por decisiones económicas, sino y quizás ante todo por decisiones morales.
Lo primero es estar convencidos de por qué es necesario discutir de nuestra conducta moral, de conocer las interioridades del código de ética profesional, y la clave está en la capacidad de respaldar las habilidades profesionales con formas de actuar ancladas en convicciones como el honor, la vergüenza, sencillez, dignidad, la lealtad, virtud, y el decoro.
Eso y no otros principios rigen la vida moral de los periodistas cubanos y holguineros que por estos días discuten, o mejor, reflexionan sobre tan decisivo aspecto, en encuentros abiertos fraternales, constructivos, se habla sobre vinculación con las fuentes, derecho a la información, responsabilidad personal con las audiencias por el ejercicio de la profesión y compromiso social.
Se reconocen muchas insatisfacciones, laborales, tecnológicas, salariales, estructurales, materiales, y otras amenazas que enfrenta el sector, como mejores ofertas de empleo tanto en el sector empresarial socialista, como en el sector no estatal, y no se limita la decisión personal de transitar a otros empleos mejor remunerados, pero lo que sí no se discute y es convicción, la negativa a colaborar con medios de comunicación hostiles al sistema económico, político y social del país, pues la mejor tradición del periodismo cubano nunca cambió ideales por dinero, recordemos a nuestro José Martí con su ropa humilde y actuar sencillo sin desviar fondos de la independencia para su bien personal.
Los análisis realizados, el pensar en la responsabilidad social, demostrar que se ama la profesión por encima de las dificultades, pensarnos para hacer el futuro desde el presente, complicado, diverso y retador ha demostrado la validez de la decisión adoptada en el congreso, hoy asistimos a una construcción colectiva de los códigos morales de la profesión, acción que compromete y ayuda a crecer, lo contrario, haberlo aprobado en un plenario habría convertido el código en un simple e intrascendente documento.