Máximo Gómez Báez, cubano de corazón
“Dominicano de nacimiento, cubano de corazón”, era la expresión de José Martí cuando al referirse al general Máximo Gómez, reconocía la historia de un hombre comprometido con los destinos políticos de la Cuba colonial.
La espada del Generalísimo se alzó como muestra de sus principios y valores revolucionarios en las gestas libertarias de 1868 y 1895, cuando se unió a los cubanos para lograr la independencia.
Nació un 18 de noviembre de 1836, en Baní, provincia de Peravia, en la República Dominicana, luego se traslada con su madre y sus hermanas a Cuba.
Puso a prueba la táctica y estrategia en los campos cubanos seis días después del Grito de la Demajagua, y dirigió la primera carga al machete, operación donde se derrotó a una columna española que se disponía a retomar la ciudad de Bayamo. Esta acción le permitió el ascenso a Mayor General del Ejército en Armas.
En plena manigua se unió conyugalmente con Bernarda Toro (Manana), quien lo acompañó durante la guerra.
Caracterizó a Gómez su destreza militar, demostrada en cada una de las acciones militares realizadas, entre las que destaca la Trocha de Júcaro a Morón, y en enero de 1877 la Cámara de Representantes de la República en Armas lo designó Secretario de Guerra, y en octubre General en Jefe.
En Montecristi, República Dominicana, Gómez firmó junto con Martí el histórico Manifiesto de Montecristi, donde los líderes dejaban expresa su ideología de independencia y de que la guerra no era contra los españoles, sino contra las autoridades coloniales de España en Cuba.
El empleo de la emboscada y el factor sorpresa como técnica militar lo convirtieron en cabeza pensante del ejército libertador, donde remplaza la falta de recursos y de experiencia militar de las tropas cubanas.
El Viejo o Chino Viejo, así fue reconocido por sus amigos Gómez, luchador que cultivó su historia, dejando huellas indelebles en cada ofensiva, en cada acción y en cada victoria lograda con su tropa.
En 1895 Gómez es designado como General en Jefe del Ejército Libertador, por reunir las mejores virtudes de un revolucionario, su fe inquebrantable en la victoria, plena confianza en el pueblo, firmeza, desinterés, honestidad, disciplina, modestia, intransigencia ante lo mal hecho y su espíritu de sacrificio.
A 182 años del nacimiento de este guerrero los cubanos lo recuerdan al Generalísimo.