La sociedad cubana desarrolla desde el pasado mes de agosto uno de los procesos de consultas más significativos en la historia de su existencia: el Proyecto de Reforma Constitucional.
Esta nueva convocatoria renueva las experiencias de los años noventa, cuando el período especial hizo sus mayores estragos tanto en el plano individual, como colectivo. Entonces Fidel, líder histórico de la Revolución, indicó la realización de los llamados parlamentos obreros, con el objetivo de promover, por un lado, las mejores ideas que debían ponerse en práctica para enfrentar la difícil situación económica, y por otro, convertir a las masas en actor fundamental de la política.
El ejercicio confirmó una vez más la idea de Fidel, el principal actor de las transformaciones revolucionarias de la sociedad es el pueblo; a ese pueblo debe irse siempre con la verdad, y las masas responderán con la sabiduría de sus tradiciones y el apoyo sus líderes.
Los famosos parlamentos obreros convirtieron a la nación en una gran tribuna para el debate y la opinión, a partir de un enfoque participativo, de una democracia real, donde todos y todas tienen algo que opinar, agregar, discrepar, discutir, aportar, para que la construcción del encargo social, nazca de la confluencia de criterios.
Y la renovación de esta experiencia es crucial en las condiciones actuales, pues estamos llamados a opinar, y se hace abiertamente como será la sociedad cubana de los próximos años; nacida de la confrontación actual que provoca la actualización de lo que se define como modelo de desarrollo social.
El reconocimiento de las diferentes formas de propiedad, entre ellas la propiedad privada, junto a la propiedad social, estatal o cooperativa, así como su papel actual y futuro, introduce aspectos de gran actualidad y, por qué no, aspectos contradictorios a la clásica explicación de la construcción de la nueva sociedad socialista.
Es paradigmático, en este sentido la explicación de la etapa histórica por la que transita nuestra sociedad, y definir que el objetivo socialista no se abandona, sino que se reconocen los actores sociales presentes y necesarios para concluir la idea de un desarrollo sostenible y sustentable.
Es sin lugar a dudas, un debate que marca a los nuevos tiempos, contradictorio, diverso, en busca del consenso, para preservar un futuro con todos y para el bien de todos, y lo más importante, legar a las generaciones futuras un método, una forma de buscar soluciones, que en su esencia y aplicación es por naturaleza socialista.