Relaciones sociales: de protocolo y ceremonial
Se dice que nadie tiene una segunda oportunidad para dar una buena primera impresión, la que es muy difícil de borrar; una enunciación que desde lo popular podría traducirse en criar fama y acostarse a dormir.
Las primeras impresiones logran darse en los dísimiles ámbitos de las relaciones sociales. Según refiere Emma Cárdenas en el texto Manual de Relaciones Públicas, las relaciones sociales fundamentadas en el protocolo y ceremonial han existido desde tiempos remotos.
Dos elementos que aun funcionando de orden en las ceremonias y eventos oficiales, diplomáticos y religiosos, deben ser de uso obligado en cada ser humano, con mayor o menor medida, en dependencia de la formalidad que requiera la situación.
Y es que el protocolo, basado en el principio de ‘cortesía internacional’, viene a normar la conducta. Su aplicación evita omisiones, discusiones, laceraciones.
Lo ceremonial se aleja un tanto de las relaciones interpersonales, pues esto es más ajustable a las altas relaciones entre personalidades y autoridades, y a la participación de estas en actividades oficiales y privadas. No obstante, ser de cierta manera solemnes en algunos lugares y momentos de la vida, no viene mal.
Las relaciones sociales, el protocolo y ceremonial han ido deteriorándose con el paso del tiempo: se maltratan a desconocidos, se tutea descontroladamente, no se pide permiso en interrupciones, no se ofrecen disculpas, se llega tarde, se mal viste…
Es demasiada la tolerancia en los tiempos actuales. Apelemos una vez más al buen juicio y procuremos rescatar lo protocolar y ceremonioso; por supuesto, en la justa medida.
Para comportarnos adecuadamente no hace falta tanto: Preocupémonos por nuestra actitud interior, comportamiento exterior. La educación siempre es reconocida en quien la posee. No nos demos por vencidos tan rápido.