El quijote de Cuba lo nombró Hugo Chávez, el soñador, el hombre que creyó siempre en el mejoramiento humano, y en la utilidad de la virtud, como José Martí.
Hizo realidades los sueños, realidades tristes que cambió por hermosas para los niños de los campos de Cuba quienes morían de enfermedades curables y eran llevados a la muerte.
Fidel es amor, un amor que le profesó a los niños desde la punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio. Siempre pensó en ellos, en el presente y en el futuro de esta isla. Como un quijote no alucinaba nuestro Fidel, esbelto, de manos finas y delgadas para acariciar a quienes pudieron sentir su halo mágico y tierna mirada que cautivó también al mundo.