Hablar claro
A ninguna persona sensata se le ocurriría asistir al médico y decirle, “doctor necesito me recete tal medicamento porque estoy padeciendo de esta enfermedad y lo único que me cura es esa medicina”, afirmación que puede parecer exagerada por la dimensión del mensaje contenido en la expresión aunque no lo es.
Sin embargo, en términos de comunicación social no son pocos los que emiten criterios hacen alarde de conocimientos porque evidentemente presumen de lo que carecen, vasta escucharlos para no dejar margen a las dudas, realidad que puede lacerar las relaciones interpersonales en cualquier actividad.
El proceso de la comunicación social está demostrado que se establece a través de símbolos lingüísticos o medios audiovisuales, en el que son imprescindibles los roles de emisor-receptor y la determinante retroalimentación esa que deja bien claro o hacerlo con el apellido descarnadamente, tras abrigar la errónea frase de no tener pelos en la lengua. Créanme en numerosas ocasiones antes de ofender es recomendable tener abundancia en la lengua.
Hablar descarnadamente claro es establecer barreras a la comunicación, actuar irrespetuosamente sin tener en cuenta la importancia de saber escuchar y accionar con empatía, tan necesaria para ponernos en el lugar de otras personas antes de juzgarlas sin olvidar el aforismo del prócer mejicano Benito Juárez “el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Escuchar es más que oír, afirmación contenida en un modelo atrapado en cuatro palabras (sensación, interpretación, evaluación y respuesta) la sensación no llega la interpretamos, evaluamos y tras la evaluación estamos en condiciones de responder (Modelo Sier), ilustración clara de que escuchar es más que oír.
Ahora bien ¿Dónde se enreda la madeja? Cuando hacemos caso omiso al interlocutor, defendemos nuestro punto de vista a ultranza porque creemos portar la verdad absoluta, rezón por la que es imposible interpretar, evaluar los criterios que nos llegan afirmación avalada por diferentes especialistas de la comunicación social.
Es necesario aprender a respetar el punto de vista de los demás, no ser irreverentes en los debates y facilitar la sinergia grupal, esa que favorece la interacción a todos los niveles, si queremos alcanzar resultados favorables en lo que se debate, aspecto de alta prioridad si se desea una aproximación al censo.
Pongamos un ejemplo, un grupo de aficionados al deporte abrigan una polémica sobre los mejores boxeadores de cuba en el siglo que vivimos, sin establecer espacios para que aparezcan las llamadas barreras gnoseológicas de la comunicación, de esta forma se cumple la máxima de hablar claro.
Por el contrario si cada aficionado se aferra a su propuesta no podrá hacer una adecuada interiorización de los restantes argumentos, no podrá hacer una adecuada discusión en contra de los resultados finales esperados, además, no se descarta la aparición de diatribas o falsos razonamientos.
No importa su punto de vista es importante escuchar a los demás porque de esta forma se enriquece el debate y no descarte que al final su punto de vista haya sufrido modificaciones porque en el debate escuchó opiniones que lo enriquecieron. He aquí lo trascendente de esta reflexión que no anima el debate, solo pretende alentar en cada persona una mirada hacia adentro porque la sociedad lo merece. Este es el valor más importante de hablar claro.