Hoy les propongo dialogar sobre un tema muy cotidiano pero que a la vez resulta punzante si te toca de cerca y hablo de la puntualidad.
La palabra puntualidad se deriva del vocablo punto, y este a su vez proviene del latín “punctum” que significa “pequeña marca o instante”. Para poder hablar de puntualidad es necesario indicar que se mide con el tiempo y este a su vez con el reloj, pero la puntualidad es mucho más que minutos y horas, es la capacidad o actitud característica de una persona responsable al momento de realizar una labor o compromiso.
En cuántas ocasiones hemos tenido que contar más allá del diez cuando nos dejan plantados en una cita o la persona llega media hora o más tarde y tan fresco como una lechuga te dice que le cogió tarde… como si tú no te hubieses dado cuenta ya.
El ejemplo típico son los estudiantes, que entran por buchitos como se diría en buen cubano, a las clases y cuando el maestro lo reprende le echa la culpa al transporte que está malísimo… y claro es más fácil ser impuntual que levantarse más temprano.
Por otro lado están las impuntualidades institucionales. Ahí caben las tiendas que abren diez y hasta veinte minutos más tarde y mantienen a los clientes esperado sin dar ninguna explicación pero que no demoran en cerrar antes del horario establecido.
Y lamentablemente la impuntualidad es tan popular que hace acto de presencia hasta en las actividades oficiales cuando muchas veces tienen que posponer su inicio porque la presidencia o los invitados especiales no han llegado todavía.
En los centros laborales la puntualidad, mejor dicho la impuntualidad está como diría el personaje televisivo “a pululu”, ¿cuántas veces hemos ido a realizar algún trámite y el responsable no ha llegado aún por un problema personal o simplemente no llega? Asimismo abundan las salidas y entradas por el libre albedrío de los trabajadores, las llegadas a último minuto de la reunión con la excusa de que se complicó en el camino entre otros muchos ejemplos.
Para hablar del tema sobran ejemplos, sin embargo lo esencial no es criticar por criticar sino más bien mirarnos por dentro y reconocer que la impuntualidad se ha convertido en moda, y una de las malas. Reflexionar al respecto y cambiar nuestra forma de actuar responde a un tema de principios porque la puntualidad es un valor que en lo personal aprecio en demasía.
No le hagas a otros lo que no te gustaría que a ti te hicieran piense en esta frase la próxima vez que no sea puntual.