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Un hombre sencillo

14 Noviembre 2016
Autor  Fidel Troya García
Rider Delgado Foto: Fidel Troya

Hace cuarenta años se instauró en el país uno de los modelos más democráticos de gobierno, me refiero al Poder Popular. Fórmula que viene desde el barrio y promueve a las estructuras de poder a los hombres y mujeres más capaces, de mayores méritos reconocidos por la comunidad.


En asambleas de barrio, conocidas como circunscripciones, los vecinos proponen, libremente, sin compromisos, a quienes ellos consideran los pueden representar mejor. No se realizan campañas por los candidatos y no son postulados por el partido. Son candidatos del pueblo y solo sus electores les pueden revocar el mandato. Es realmente el poder de la mayoría, y eso, es democracia.
Contar entonces las historias de hombres y mujeres que han dedicado una parte de sus vidas a esta manera de gobernar, es reconocer, su capacidad de entrega y dedicación. Así sucede con Rider Delgado, quien dedicó veinte años de su fructífera vida al desarrollo de esta forma de gobierno. Buen conversador Rider cuenta algunos pasajes de su vida, con la sencillez de quien solo ha hecho en cada momento lo que debía hacer.
Nací en 1956, en el poblado de Bocas en el municipio Gibara, en el seno de una familia campesina. Desdichadamente mi padre murió cuando yo tenía tres años; por esta razón mi mamá y yo emigramos a la ciudad; ella trabajaba como doméstica y vivíamos en las casas donde la empleaban. Poco después construimos una casita en el reparto Guarro y allí nos sorprendió el triunfo de la Revolución. Bien pronto comprendí, sin teorizar sobre el hecho, que el nuevo poder era por los pobres y para los pobres, pues recibí los beneficios de un plan de becas para niños huérfanos, en la ´´Ciudad Escolar Oscar Lucero´´ y pude alcanzar el sexto grado.
Las necesidades de la casa, sobre todo económicas me obligaron a dejar los estudios e iniciarme en la vida laboral. Aprendí varios oficios: ayudante de chófer, de mecánico, y me hice albañil.
Precisamente este último oficio me permitió participar, en el año 1968, en el proceso de intervención de varios tejares ubicados en los alrededores de la ciudad, e incluso quedarme como administrador de uno de ellos por espacio de unos tres meses.
Abandoné el tejar para incorporarme a la Columna Juvenil del Centenario. Aquello fue una experiencia extraordinaria que contribuyó a mi formación política y social. Fíjate que participamos, entre otras actividades, en varias zafras azucareras, picando caña en la provincia de Camagüey. Vivimos prácticamente durante tres años en los propios cañaverales y allí obtuve la militancia en la Unión de Jóvenes Comunistas.
Retorné a Holguín, y fui elegido para trabajar en el Poder Local, así se denominaba el Gobierno y la Administración antes del Poder Popular, para atender las actividad de cuadros y superación, ocasión que me permitió organizar un aula con jóvenes desvinculados del estudio para formarlos como panaderos, muchos de los cuales son actualmente excelentes maestros en su oficio.
Como sabes en el año 1976, se generaliza en el país la organización del Poder Popular, con la constitución primero de las circunscripciones y la elección de los delegados que por derecho propio forman la Asamblea Municipal. Yo vivía aun en el Guarro, me conocían muchas personas y me propusieron como candidato, junto a otros siete vecinos del lugar, todos con una vida de mucho esfuerzo y trabajo, y sobre mucho prestigio en el barrio.
Realmente, yo no pensaba salir electo. Fue necesario ir a una segunda vuelta y para sorpresa mía salí electo delegado.
Por la experiencia que tenía del trabajo en el Poder Local, me incluyen en la candidatura para formar parte de la dirección de la primera Asamblea Municipal. Fui electo y asumí la responsabilidad con la convicción de hacer el mayor esfuerzo para cumplir con las responsabilidades y sobre todo representar a mis electores.
Fue esta etapa otra experiencia decisiva en mi vida. Compartir con los electores, conocer sus dificultades y encauzar la solución de sus problemas requiere de un alto nivel de sacrificio y entrega. Compartir con los delegados, acompañarlos en la búsqueda de soluciones, atenderlos cuando lo necesitaban fue también una experiencia enriquecedora.
Cumplí con muchas responsabilidades en el Gobierno, atendí varias direcciones administrativas. Pero de todas ellas la que más recuerdo con agrado fue la de Secretario de la Asamblea.
Comprendí, afirma, que cuando una persona asume una responsabilidad debe prepararse al máximo, por eso le dediqué todo mi esfuerzo a preservar los documentos y actas del Poder Popular, no solo porque era mi responsabilidad, sino por el compromiso con el futuro, para que los que vinieran después conocieran que se había hecho, con que sacrificios y pudieran continuar e incluso evitar nuestros errores. Mi mayor preocupación es que eso no se pierda.
Actualmente estoy jubilado, pero sigo queriendo al Poder Popular el me dio la posibilidad de aprender y de ser útil. Toma aire, respira con satisfacción y me dice: esa es mi modesta vida y experiencia de esos veinte años de mi vida dedicados al Poder Popular.
Le agradezco el tiempo dedicado a esta conversación, Rider se despide con una sonrisa y afirma: ahora me toca enseñar a los más jóvenes.
No me lo dijo, pero yo lo se: su afán de superación lo compartió con el trabajo en el Poder Popular hasta graduarse de Licenciado en Economía de la Industria y ser el mejor graduado en la actividad científica, le gusta el orden y la disciplina, su ídolo es el Che, tiene una caligrafía envidiable, una visión peculiar de la importancia de la historia, un perspicaz sentido del humor, le gusta filosofar y exponer con valentía sus ideas.
Después de esos veinte años dedicados profesionalmente al trabajo del Gobierno, formó parte de las comisiones electorales del municipio, sufrió un grave accidente del tránsito y se recuperó nuevamente como hombre batallador que es. Mencionar su nombre en la sede del Gobierno Municipal no es algo extraño, sus compañeros lo admiran y respetan.
Actualmente recuerda sus habilidades de albañil, para continuar siendo un hombre sencillo y de pueblo.

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