De cuando Holguín fue capital por un día...
Holguín, según feliz expresión del historiador Juan Albanés, fue capital por un día, el 10 de abril de 1916.
En esa ocasión, lo más granado de la sociedad cubana de entonces se dio cita en la ciudad para inaugurar los primeros monumentos conmemorativos con que contaría en sus principales parques.
Tal hecho ha sido recogido en un pequeño libro, llamado similar a la certera definición del letrado holguinero Juan Albanés: Holguín: capital por un día, de los historiadores, también holguineros Ángela Peña y Martín Garrido. Otro de los libros valiosísimos con que cuenta nuestra historiografía, el cual viene a demostrar el interés que en aquellos tiempos había de dotar a las recién formadas repúblicas americanas de una imagen pública más acorde con su historia de luchas y tradiciones culturales.
Conocí acerca de la existencia de este texto por casualidad, en la incesante búsqueda del conocimiento que los más jóvenes llevamos a cabo, en aras de seguir desarrollándonos en el orden intelectual.
A pesar de haber sido impreso en diciembre de 2017, por nuestra imprenta Lugones, en una tirada que llegó a los mil ejemplares, no se encuentra en la biblioteca provincial Alex Urquiola; pero sí en la librería Villena-Botev de la ciudad en unas cuantas copias, de las que adquirí una.
“Holguín: capital por un día” aborda en un lenguaje sencillo y claro, como es habitual entre historiadores, el tema de la inauguración de los primeros monumentos conmemorativos holguineros, que de hecho fueron las estatuas de los Mayores Generales Julio Grave de Peralta Zayas-Bazán y Calixto García Íñiguez en los parques que llevan su nombre, y el obelisco a los Mártires de la Patria, fusilados en las guerras por la independencia, ubicado en el parque Carlos Manuel de Céspedes, conocido por San José, debido a la iglesia católica que allí se sitúa.
El libro logra en su introducción contextualizar exquisitamente el período histórico relativo a las inauguraciones de estas obras de arte, complementándose con anexos también certeros, desentrañando el fenómeno ‘culto a los héroes’, siempre constante en la historia de la humanidad, y materializado al eternizar en mármol a dos de los más insignes patriotas y los asesinados en el territorio por las fuerzas hispanas durante las acciones de liberación nacional.
Este texto, asimismo, refiere cómo nace la idea y se materializa por la Casa Ugo Luisi, sociedad que dejó su huella en numerosas ciudades de la Isla, la localización y montaje de los monumentos en las plazas holguineras y describe el acto de develación, junto a su repercusión en la prensa de la época, los invitados y participantes al suceso.
Aunque a estos monumentos conmemorativos les faltó el sello de autenticidad en la imagen artística, al ser realizados por escultores extranjeros, no pueden ser desestimados, porque fueron los primeros de su tipo emplazados en la ciudad, siendo así, y a decir de los autores del libro, “(...) un paso de avance colosal en la conformación de una imagen urbana más rica en elementos simbólicos, ornamentales y artísticos, que no tendría continuidad sino varias décadas después”.
Holguín: capital por un día tiene el mérito de estamparlos para siempre en la memoria colectiva de su pueblo.