La brillante capacidad como jefe militar y el uso reiterado de la artillería son méritos que simbolizan al General de las Tres Guerras de Independencia, Calixto García Iñiguez, quien nació el 4 de agosto de 1839 en la ciudad de Holguín, provincia del oriente cubano, en el seno de una familia vinculada al comercio y la agricultura.
El 10 de octubre de 1868 cuando Carlos Manuel de Céspedes dio el grito de guerra en La Demajagua, Calixto se encontraba en Holguín, y con gran agilidad se traslada a Jiguaní, cooperando con el levantamiento armado.
Calixto nunca entendió una rendición, y menos finalizar la lucha sin lograr el objetivo por la cual se inició, por ello, ante los rumores del Pacto del Zanjón fue a Manzanillo para esclarecer la situación. De regreso lo sorprendieron tropas enemigas y antes de caer en sus manos prefiere suicidarse, se dio un tiro por debajo de la barbilla y la bala le salió por la frente, lo que afectó su salud por el resto de su vida. Dijo José Martí: “No necesita encomia nuestra el general, lleva su historia en su frente herida.”
Fue el primero en emplear la artillería en la guerra de 1895. Por sus habilidades en la lucha armada ocupa el puesto de Lugarteniente General del Ejército Libertador, bajo el mando directo de Máximo Gómez.
En 1898 decide atacar Santiago de Cuba, el más importante enclave militar de Oriente. Por órdenes de la Asamblea de Representantes de Santa Cruz del Sur viaja a los Estados Unidos y allí muere el 11 de diciembre de 1898. Sus restos fueron trasladados a La Habana en febrero de 1899, y enterrados en el Cementerio de Colón.
En 1980 los holguineros recibieron los restos del mayor general Calixto García Iñiguez que reposan hoy en el Mausoleo de la Plaza de la Revolución que lleva su propio nombre. A 179 años de su nacimiento se recuerdan como sus virtudes de guerrero, presentes en generaciones de cubanos que no dejan morir sus ideales libertarios.