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La voz de todos

20 Febrero 2018
Autor  Fidel Troya García

Llegan a los diferentes barrios o centros laborales, no les antecede ninguna fanfarria, algunos muestran la timidez natural de quien se siente observado. Los que llegan y los visitados evaden normas de protocolo, se prodigan un mar de abrazos y sonrisas, la familiaridad habitual del cubano, es la mejor carta de presentación entre los candidatos a la Asamblea Provincial o Diputados a la Asamblea Nacional con los electores de sus distritos y municipios.

La escena se repite incontables ocasiones. Y si en uno de esos encuentros se reconocen amigos de la infancia, de la familia, antiguos compañeros de estudio o de trabajo, las anécdotas sobre las cualidades del propuesto invaden al auditorio, como la mejor de las confirmaciones de que la proposición sabe a pueblo.
Y ese sabor a lo cotidiano, a lo sencillo, a la entrega sin esperar remuneraciones adicionales, le confieren a nuestro sistema electoral la más significativa diferencia y singularidad.
Saber que la mujer o el hombre humilde, quizás de empleos muy modestos, pueden compartir las responsabilidades de representar a los electores en esas instancias de gobierno, junto a destacadas personalidades de las ciencias, las artes o la política, son expresiones de un modelo, perfectible, pero más justo que otros, y más democrático que otros modelos, de otras latitudes que en su crítica al nuestro pierden la visión democrática de un poder hecho por todos.
Nuestros candidatos solo hacen una promesa, ser fieles a sus electores y representarlos en la toma de decisiones y evaluación de los importantes problemas que enfrentarán durante su mandato. Tampoco recibirán ofertas de empresarios u otros interesados para que voten a favor o en contra de una ley, o evitar el análisis de una problemática social.
Todo lo contrario, desde sus experiencias y con el compromiso social de su barrio, de sus vecinos y compañeros de trabajo, harán valer sus puntos de vista, que en esencia se convierten en ese instante en los puntos de vista de toda la sociedad.
Y sus electores no necesitan de recomendaciones para ser atendidos, o escuchados, tiene la posibilidad de visitarlos en sus hogares o centros laborales y expresarles sus inquietudes, sugerencias y proposiciones.
Son razones poderosas para votar. Al hacerlo no votamos por una persona, lo hacemos por un modelo social, que permite decirle a mi vecino o compañero de trabajo: Felicidades.

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