Imperativo: Crecer
Hoy, a partir de las políticas trazadas en Cuba existe un destino, que debe ser próspero, lo que no significa que será un camino fácil.
No olvidar el lastre que la obstina persistencia del bloqueo del gobierno de los Estados Unidos provoca en la economía nacional, provocando no solo escasez, sino retraso en los planes previstos y acoso a los interesados en vincularse con las ofertas de negocios presentadas por Cuba, abierta a la inversión extranjera como componente lógico del modelo de desarrollo que se implementa.
A pesar de los esfuerzos de las autoridades nacionales, el Ministro de Economía, Ricardo Cabrisas ha explicado en reiteradas ocasiones que no se alcanzan los ritmos de crecimiento de la inversión extranjera, lo que se traduce en el año que casi termina, en un 6,5 % de toda la acción inversionista, equivalente a unos 510 millones de dólares, muy distantes de los 2 mil que deben captarse por la inversión extranjera directa )IED), y de poco significado en los 7 mil planificados en el total de las inversiones del país.
Es conocido el criterio expuesto por prestigiosos economistas nacionales, entre ellos el Dr. José Luis Rodríguez, que para consolidar una vía segura y estable de desarrollo, la tasa promedio de inversión, nacional y extranjera, debe ser de equivalente al 20 % del producto interno bruto. La realidad cubana actual es que la tasa nacional no supera el 10 % del PIB.
Según datos publicados en la prensa nacional, en el 2017, se aprobaron 11 proyectos de IED, por un monto de 1346 millones de dólares, similar a lo pactado, en los dos años anteriores. Puede y lo es esta, una información alentadora, pero y siempre lo hay, además de los factores externos- el bloqueo norteamericano- existen otros factores internos que están lastrando la velocidad del proceso, entre ellos: la dualidad monetaria y cambiara, el exceso de burocratismo para la aprobación de los proyectos, la débil preparación del sistema empresarial, la falta de motivación de directivos y trabajadores ante una acción que, por ahora está demandando más responsabilidades que beneficios a todo el sistema. Y no es que se aboque por eliminar los controles y la supervisión, junto a la responsabilidad social e individual, pero esta necesaria e ineludible condición debe ser entendida como una fortaleza y no como una amenaza.
A pesar del bloqueo, principal escollo externo, se puede, con muchos esfuerzos e inteligencia, captar flujos inversionistas, recodemos las experiencias de los años noventa del pasado siglo, en pleno periodo especial, cuando se produjo el alza de las inversiones en el sector del turismo.
Recientemente se han desarrollado las cumbres de Caricom, y el Consejo Político del AlBA- TCP, importantes foros de concertación de voluntades políticas, en el entorno regional, una opción integracionista ante el proteccionismo generado desde la administración Trump.
El entorno puede tornarse más complejo, se requiere de mucha inteligencia, para evadir las consecuencias del bloqueo, e igual, o más inteligencia se requiere, para eliminar las trabas internas que hoy frenan la necesaria y mucho más ágil presencia, de la inversión extranjera directa, para consolidar el propósito de crear una nación soberana, prospera e independiente.