Culmina el proceso de nominación de candidatos a delegados para las Asambleas Municipales del Poder Popular, proceso que debió reordenarse tras el azote del huracán Irma a casi toda la isla.
Cuando algunos, que viven en otras latitudes y están interesados en destruir el modelo democrático cubano, afirmaron que Irma les había caído del cielo para confirmar la incapacidad del gobierno cubano para enfrentar las necesidades de la población, o que era el momento para que la sociedad civil se pronunciara por un verdadero cambio hacia la llamada ´´ libre democracia ´´, la inmensa mayoría de la población ratificó con su asistencia a las asambleas de nominación para proponer a sus candidatos.
Recordemos que en Cuba el acto de nominar y votar es voluntario, ninguna fuerza política hace campaña en favor de un candidato. Solo el respeto y la confianza en la gestión del delegado es lo que sostiene el proceso de elección de ciudadanos para los cargos públicos.
Una buena noticia que confirma los anterior es que, solo en la provincia Holguín, han sido nuevamente nominados más de novecientos delegados actuales de los casi dos mil que deben ser electos. Y ello no es un hecho casual responde a la decisiva vinculación de estas mujeres y hombres dedicados a la humilde tarea de servir a la comunidad.
Otro tema a destacar en la nominación de jóvenes, de ambos sexos, como candidatos. La elección de muchos de ellos como delegados permitirá una combinación muy saludable de experiencia y juventud, convirtiendo a las Asambleas en un espacio de verdadera conexión necesaria entre las generaciones actuantes en el proceso democrático cubano.
La vida diaria de un delegado o delegada exige mucho sacrificio, se enfrentará a incomprensiones, tanto de sus electores, como de los funcionarios a los que deberá dirigirse para tramitar los problemas de su comunidad. Tendrá que postergar planes personales, hacer malabares con el tiempo para cumplir con su trabajo, la responsabilidad estatal y la familia.
El próximo mes acudiremos a las urnas para elegir mediante voto directo y secreto a nuestro delegado, se cumplirá la primera parte del proceso eleccionario que reafirmará las principales fortalezas de nuestra democracia.
La primera, la nominación y elección de los ciudadanos que dirigirán el estado, no por su filiación política, sino por sus valores morales, capacidad física e intelectual para hacerlo y disposición personal para enfrentarlo.
La segunda, el mandato que obliga a los elegido a rendir cuenta de su gestión ante los electores, quienes pueden elegirlos tantas veces como alcance el por ciento efectivo que valide su elección, siempre el cincuenta por ciento más uno, es decir mayoría simple, la elección no le confiere privilegios administrativos o jurídicos, y como es voluntaria no implica prestaciones económicas ni durante ni después del ejercicio del mandato, sin embargo, puede ser revocado en cualquier momento de su mandato si los electores no están satisfechos con su desempeño o haya incurrido en conductas que limiten sus derechos civiles.
El sistema democrático participativo cubano es perdurable por su profunda raíz popular, y solo los sujetos de ese proceso, pueden en virtud de los derechos que le otorga la constitución buscar las fórmulas y métodos que lo perfeccionen para mantener el poder de la mayoría.