Con solo 30 años de edad, esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista le cercenaron la vida a este joven, el 19 de mayo de 1958, en la Habana, pero no los ideales revolucionarios, que a pesar de ser torturado no pudieron sacar una sola palabra y mucho menos delatar a sus compañeros de lucha, de ahí se ganó el calificativo de “mártir del silencio”.