Para contar esta experiencia, probé un día a dejar de ser cubana, intenté hacerme la extranjera y no pude engañar a nadie. Usted no me ha visto pero le puedo enumerar varias razones: mi color, una mezcla de criollo con indio. Mi pelo oscuro, lacio y largo, sobrepaso las libras permisibles del modelo de belleza europeo, y todo eso, a simple vista, sin hablar siquiera… me delataba.