Vilma la luz de una obra que perdura
Vilma Lucila Espín Guillois, nació el 7 de abril de 1930, en Santiago de Cuba, provincia ubicada al sur del oriente cubano, en el seno de una familia distinguida por la honradez, la justicia y la honestidad, valores que estuvieron siempre presentes en el decursar de su vida, la segunda de los seis hijos de José Espín y Margarita Guillois.
Mujer de sonrisa franca, inteligencia amplia y culta, sagacidad veloz, mirada repleta de brillo, luchadora de excepcionales méritos y trayectoria, que junto al canto, la poesía, la historia y el deporte se fusionan para deleitar sus proyectos de vida estudiantil, en los cuales puso a prueba todo su talento, en cada una de esas manifestaciones del arte, la ciencia y la cultura.
El ingreso a la universidad de Oriente marcó el inicio de una etapa decisiva en el afianzamiento y desarrollo de sus ideas políticas, que la enrolan entre la más avanzada juventud combatiente de su época.
La savia mambisa alimentó su formación, acompañada siempre de su pensamiento y acción, aspectos que constituyen un todo que guía su vida y caló hondo en la impronta de rebeldía que siempre ha distinguido a la tierra que la vio nacer.
Su inteligencia y dedicación al estudio, su inclinación a las matemáticas, a la física y la química, con una mente científica movida por una insaciable curiosidad e insatisfacción que la lleva al camino de obtener mayores conocimientos en la universidad, graduándose de Ingeniera Química.
La universidad le sirvió para interiorizar conocimientos y para percatarse del régimen que imperaba en el país, por lo que se alista a participar en las manifestaciones en contra del gobierno de Fulgencio Batista que estaba en el poder después de dar un golpe de estado en 1952 al presidente Carlos Prío Socarrás.
Dirigente de la clandestinidad en la antigua provincia de Oriente, la heroína del II Frente, mujer sensible y a la vez sencilla, cultísima que mostraba su alta espiritualidad en cada gesto, con cada palabra, desde la delicadeza de su alma al tiempo que era energía pura en cada una de sus acciones y de sus ideas.
Vilma fue más que la heroína de la Sierra y el Llano, mujer de talla excepcional, germen de amor, lealtad, firmeza y modestia, en ella estuvo siempre presente la ciencia y la conciencia, demostrado en cada tarea encomendada por la máxima dirección del país.
Aportó a la construcción del Socialismo en la cual encabezó la Federación de Mujeres Cubanas hasta su muerte, de la cual fue guía y alma, como mujer rompió los esquemas de saberes y prejuicios milenarios construidos con su personalidad de sólida cultura y profundas convicciones revolucionarias.
Transformar mentalidades, modificar costumbres, educar, fue una razón de ser de su vida al frente de la Federación de Mujeres Cubanas, de los Círculos Infantiles e Instituto de la Infancia, de la Comisión de Atención y Prevención Social, del Centro Nacional de Educación Sexual y de la Comisión de la Juventud, la Infancia y la Igualdad de la Mujer de la Asamblea Nacional.
Momentos cumbre destacan la obra de la representante por excelencia de las mujeres en la Mayor de las Antillas entre ellas la creación de los Círculos Infantiles, la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, los curso de corte y costura, así como la participación de las mujeres en la Campaña de Alfabetización y la preparación para la defensa.
La formación de la familia Castro Espín fue producto de la unión matrimonial de Vilma con Raúl, en enero de 1959, del cual nacieron cuatro hijos.
Vilma dejó su legado cargado de sabiduría humana basada en firmes principios revolucionarios, mujer que continúa alumbrando los caminos, para construir un mundo mejor, más igualitario y socialista.
En el cumpleaños 87 de Vilma, las féminas la recuerdan no solamente porque ella creó y consolidó la Federación de Mujeres Cubanas, sino por hacer valer los derechos de la mujer como constructora de la sociedad.