Con motivo del cumplimiento del 40 aniversario de la graduación, en 1979, del tercer contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, por estos días, muchos de los jóvenes que hoy peinan canas, que tuvieron la dicha de pertenecer a esta u otras de las promociones, se reunieron para revivir el pasado desde la ciencia en el primer Taller “Así fuimos, así seguimos”, el cual tuvo entre sus espacios la escuela Rigoberto Batista Chapman de Puerto Padre, en la provincia de Las Tunas.
La profesora Leonor, recuerda la graduación como una gran fiesta, porque era el anhelo de muchos materializado, ya que dieron el paso ante el llamado de la Revolución, no solo por compromiso, sino también por vocación.
“Incorporarnos al destacamento pedagógico fue lo más grande que sucedió en Cuba en aquel entonces -refirió Mercedes, otra educadora-, pues Fidel fue un líder extraordinario, y el creador de esa idea, y a nosotros nos parecía que estábamos alcanzando las nubes por asalto”.
“Nos graduamos en La Habana -explicó- en el Teatro Carlos Marx. El Comandante eterno fue quien ofreció las palabras centrales del acto y nos entregó el Título,” manifestó a este sitio digital el maestro Omar.
“Recuerdo un viaje maravilloso, todos jóvenes y alegres por habernos graduado”, agregó.
José Luis rememoró que durante su primera graduación no pudo ver a Fidel, y eso lo marcó, pero en la segunda, luego de hacerse Licenciado, logró estrecharle la mano y que le pusiera su firma en una pequeña hoja que todavía conserva.
Con el aderezo exquisito de la música de la época, y entre abrazos, besos, fotografías, sonrisas, lágrimas... recordaron sus vivencias frente al aula.

Una anécdota que siempre recuerda la maestra Mercedes es cuando, explicando las causas del desmembramiento del imperio romano, un alumno le pregunta que por qué si se dice que en la unión está la fuerza, tuvieron que separarse para hacer frente a las invasiones; a lo que se quedó sin respuesta.
Omar se acordó entonces de aquel estudiante que a pesar de sus regaños no quería atender las clases, hasta que desaprobó el examen intersemestral, día en que comenzó a ser el mejor de su aula, por vergüenza propia y hacia el profesor.
Por su parte, Julio, revivió su primer día frente a un aula.
“Era un estudiante del décimo grado, que no tenía una buena preparación metodológica, y solo contaba con un pequeño libro de texto, y a pesar de haberme estudiado la clase no la di muy bien; fue evaluada de mal, porque estaba el metodólogo municipal de la asignatura presente que con los nervios me percaté al finalizar”, comentó.
“Eso, al contrario de desmotivarme, me animó a esforzarme al máximo y ser mejor cada día. Ya en el ocaso de mi vida profesional, luego de varios años entrenando a estudiantes para el examen de ingreso a la Educación Superior en Matemática, puedo decir que mi pre en el campo lleva más de cinco años obteniendo el 100 por ciento de aprobados en tan compleja materia”, añadió.
“Todos esos años dedicados a formar hombres y mujeres de bien ha sido algo extraordinario -señaló Leonor- porque por donde quiera que pasamos se acuerdan de nosotros y nos agradecen por los valores y los conocimientos enseñados.”
Para la holguinera Teresa ha sido maravilloso haber estudiado Magisterio, ya que escogió una carrera donde se ha relacionado con tantos educandos, que hoy por hoy es madre de muchos hijos.
Adalberto, el profesor tunero, explicó que incluso, el escoger esta profesión le ha servido para desarrollar su intelecto y transitar por nuevos caminos profesionales, pues la Literatura le facilitó su carrera de escritor, que de hecho es prolífera, ya que tiene unos 18 libros publicados.
Teresa y Adalberto estudiaron en la misma aula por los años 70, pero nunca por aquel tiempo se vieron más que como compañeros; pertenecían a mundos diferentes, ella holguinera y él tunero. Pero hoy luego de 40 años, durante el primer reencuentro del destacamento, surgió el amor.
Y Teresa, de la mano de Adalberto, logró desarrollar otra pasión escondida: la de literata. Su primer libro publicado se titula “Antología del soneto oral-traumático, cósmico y erótico de Teresa Fonseca Oropeza”. Con psicoanálisis arquetípico y selección de Fredo Arias de la Canal, por el Frente de Afirmación Hispanista de México.

José Luis, graduado de Magisterio, pero también con una destacada trayectoria en el mundo del Periodismo, reconoce la importancia de su carrera para haberse formado en el hombre que es hoy.
“Si hay una escuela, una gran escuela -valoró- es la escuela de la Pedagogía. Me enseñó el arma de cómo redactar, buscar la noticia, de no quedarme con la primera.”
“Para mí es un encanto, un orgullo, una satisfacción enorme, compartir hoy con todas estas personas luego de 40 años, y volvernos a encontrar ha sido una coincidencia histórica y única”, significó.
Julio pensaba que no tenía vocación por la Pedagogía. Según él, si por aquella época le hubieran pedido que escribiera 100 profesiones que le gustaría estudiar, nunca habría puesto el Magisterio, pero hoy, luego de conocerla y amarla, aun cuando le dijeran que escribiera mil, solo hubiera puesto una, esa que escogió. Para él es la mejor que existe.
El primer Taller Científico Interactivo “Así fuimos, así seguimos”, finalizó el domingo, con un programa que incluyó la presentación de ponencias y la socialización de experiencias por parte de delegados de toda la Isla.
Un evento que convocó la cátedra honorífica Manuel Ascunce Domenech de la Universidad de Holguín a tono con su segunda dirección de trabajo que es precisamente la atención a los integrantes del destacamento pedagógico, al ser un espacio para la conservación de la memoria histórica como pilar del proceso social cubano, según apuntara su presidenta, la Máster en Ciencias Olga Lidia Oro.