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José Antonio Echeverría, su sangre señaló el camino triunfante de la Revolución

16 Julio 2019
Autor  Isabel Ríos Rodríguez
Foto: Tomada de Internet

Fugaz fue su existencia, profundo fue su andar, firme de objetivo con la Revolución. Así se puede caracterizar al joven José Antonio Jesús del Carmen Echeverría Bianchi, que nació el 16 de julio de 1932, en la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas.

Fue el primer hijo del matrimonio formado por Antonio Jesús Echeverría González y Concepción Bianchi Tristán. Luego de esta unión nacieron tres hermanos menores: Sinforiano, Alfredo y Lucía.

El deporte era una de las predilecciones de José. En su etapa de infante practicó el remo, natación y baloncesto. Padecía de asma, pero eso no fue impedimento para llevar una vida normal. Cursó los primeros estudios en el colegio primario Champagnat, perteneciente a la Congregación de los Hermanos Maristas y con posterioridad en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas, donde se graduó de Bachiller en Ciencias, a los18 años de edad.

Además del deporte, era muy experto en las asignaturas de las disciplinas artísticas ―pintura, música, teatro, danza.

Desde el mismo día de los sucesos del 10 de marzo de 1952, en los que estuvo en la primera línea del enfrentamiento a la dictadura, el accionar de este revolucionario no se detiene y en 1954 asumió la Secretaría General de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y su presidencia por sustitución ese mismo año. Fundó el Directorio Revolucionario del que fue su máximo dirigente.

José participó en el VIII Congreso Panamericano de Arquitectura que se celebró el 28 de octubre de 1954, junto a Álvaro Barba y otros estudiantes de Arquitectura e Ingeniería. El gobierno de Batista de manera gentil, ofrece un avión militar para el traslado de los participantes, pero Echeverría y Barba se niegan a aceptarlo, pues no sabían exactamente que podría esconderse detrás de esa distinción.

El 27 de noviembre, Echeverría es uno de los oradores que participa en la velada celebrada en la escalinata universitaria en recordación de los ocho estudiantes de medicina fusilados injustamente por el gobierno colonial español.

También Echeverría fue protagonista del acto de homenaje en el que se devela el busto de Julio Antonio Mella, el 10 de enero de 1953. Cinco días después, es profanado el busto del luchador revolucionario de los años veinte. La masa de estudiante se manifiesta de forma violenta en contra de esta ofensa; son golpeados y detenidos muchos líderes estudiantiles, José Antonio Echeverría entre ellos.

El año de 1953 fue de mucha efectividad en las acciones revolucionarias, por ejemplo, participó en la Marcha de las Antorchas, la cual partió desde la escalinata universitaria hasta la Fragua Martiana, acto que culminó el 28 con una manifestación en el Parque Central para conmemorar el centenario del natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí.

La actividad de José Antonio, Fructuoso Rodríguez y otros jóvenes revolucionarios fue más allá de los límites cubanos. En el año 1955 parten hacia Costa Rica para combatir el golpe y la invasión mercenaria de Anastasio Somoza. A su regreso a Cuba son detenidos, y en una declaración a la prensa, Echeverría expresa: “Fuimos a defender el régimen democrático de Costa Rica y hemos participado en numerosas acciones de infantería contra los invasores”.

El asalto al Palacio Presidencial y Radio Reloj provocaría un contundente golpe, fue así como se programó el acontecimiento para coger a la rata en su propia madriguera.  

El plan consistía en la captura del edificio mediante un golpe sorpresivo, la eliminación física del tirano y el llamado al pueblo habanero a sumarse a la huelga, lo cual, unido al desencadenamiento de otras acciones en la ciudad, debía resultar con la ocupación de las principales instalaciones militares y policiales, la rendición de la guarnición y la toma de la capital, con la consiguiente desarticulación de los mecanismos de poder en el resto del país.

Tal como se había acordado .a las 3:21 de la tarde salió al aire por la Emisora Radio Reloj, la voz emocionada de José Antonio Echeverría que anunciaba: ¡Pueblo de Cuba! En estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el dictador Fulgencio Batista en su propia madriguera del Palacio Presidencial, el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuentas. Y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución Cubana ha dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio. Cubanos que me escuchan: Acaba de ser eliminado el dictador Fulgencio Batista.

El asalto al Palacio Presidencial, no cumplió su cometido, el grupo que debió apoyar con las mejores armas no acudió al lugar, lo que provocó que la situación de los atacantes se tornara insostenible y decidieron retirarse, pero ya habían derramado su sangre generosa Carlos Gutiérrez Menoyo, Luis Gómez Wangüemert, Menelao Mora Morales y otros jóvenes ejemplares que perdieron su vida en la ejecución del primer objetivo.

Al dirigirse José Antonio a la Universidad para concretar el tercer objetivo, el auto donde iba fue interceptado por una perseguidora de la dictadura,   provocando una lucha en la que cayó el líder estudiantil.

La operación heroica del 13 de marzo de 1957 llenó de pánico al tirano. A partir de ese momento, mientras los representantes de las instituciones de la oligarquía y el imperialismo congratulan al dictador por haber salvado la vida, los cuerpos represivos redoblan su feroz persecución de los elementos revolucionarios.

Esta acción aunque no logró su verdadero propósito, que era cortar de raíz la dictadura, si sentó las bases para el ulterior desarrollo del movimiento revolucionario en el país, que no terminó hasta el Triunfo de la Revolución dos años más tarde.

En su testamento político, escrito poco antes de morir, José Antonio Echeverría expresó: “Tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo. Que nuestra sangre señale el camino de la libertad, pero es la acción del pueblo la que será decisiva para alcanzarlo”.

A 87 años de su natalicio, la sangre vertida por José Antonio y el grupo de revolucionario no fue en vano, pues señaló el camino triunfante de la Revolución.

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