De administrar la crisis a gobernar el desarrollo
De administrar la crisis a gobernar el desarrollo, una interesante tesis expuesta por el periodista Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), en un artículo publicado primero en las redes sociales, y después en el periódico Juventud Rebelde. Reflexión nacida, como declara, del entusiasmo ante el anuncio de las más recientes medidas para reanimar la economía nacional.
Indudablemente, el aumento del salario en el sector presupuestado se roba toda la atención, pero no es solo eso, es preciso, como lo ha explicado el Ministro de Economía y Planificación Alejandro Gil, analizar el conjunto de las medidas para entender en su magnitud el alcance estratégico de las mismas, y aquí, en mi opinión, toma cuerpo la tesis expuesta.
Si, en los duros noventa administramos la crisis, y lo afirmo, desde la experiencia vivida como integrante de la dirección de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Holguín, la crisis nos llegó de la noche a la mañana, no se hicieron colas para el aceite, el pollo, u otros productos, sencillamente no los había, como tampoco habían cadenas de tiendas recaudadoras de divisas, y el valor del dólar llegó a cifras superiores a los ciento cincuenta pesos, se despenalizó la tenencia de divisas y se implantó la dualidad monetaria.
Cada día, a las seis de la mañana, decidíamos en qué barrio de la ciudad se iban a vender, los sacos de carbón, los mazos de leña, acopiados o producidos el día anterior, o cómo priorizar el combustible de las ambulancias, de la distribución de alimentos o del casi inexistente servicio de transportación pública. Llegó la era de la bicicleta, las chinas flamantes y demandadas, las de producción nacional pesadas, todas necesarias, se administraba la crisis.
Y cuando aparecieron los primeros casos de neuritis, se habilitó un grupo de trabajo en la Dirección de Salud para investigar las causas de aquella extraña enfermedad. Fueron visitados los puntos de venta de alimentos, incluso, se inspeccionaron hasta los recipientes utilizados en la compra de la cerveza a granel vendida los fines de semana. Después se supo la causa de la enfermedad y se buscaron soluciones mediante la producción de alimentos de cosecha rápida, ricos en vitaminas y minerales. Surgieron, estimulados por esas y otras situaciones, los organopónicos.
Las afectaciones en la producción de medicamentos y la falta de productos de aseo personal, provocaron afecciones en la piel, la pediculosis atacaba en diversos escenarios, y respondimos construyendo una pequeña biofábrica en instalaciones de la vocacional José Martí. Con la cáscara del plátano, como materia prima, se elaboraron pediculicidas, el problema era recoger la cáscara en los comedores que ofertaban el producto; era, lo reitero, administrar la crisis.

Y ante la falta de empleo por el cierre de las industrias se aprobó el trabajo por cuenta propia. El parqueo del estadio Calixto García se convirtió en un gigantesco mercado, aparecieron infinitas soluciones, entre ellas los jabones artesanales, limpiaban, blanqueaban, desengrasaban, eliminaban, y, sobre todo, quemaban las manos, por la abundante potasa, y a pesar de ello se vendían.
Entonces no se subieron los salarios, se pagaba la interrupción laboral, la industria casi desapareció.
La producción de alimentos conoció de la iniciativa popular y apareció la pasta cubana, una mezcla de boniato con harina y azúcar, rechinante, pero salvadora. Otras delicias de la época fueron los “quepís”, elaborados con ingredientes indescifrables, deben su nombre al sentido del humor popular al preguntar ¿qué pi… es esto?, y después la risa, mientras el bolso se llenaba para la merienda escolar o complemento del alimento familiar. Fue también una etapa de grandes soluciones, como los famosos extensores para la producción de picadillo, con repollo, soya, harina o lo que permitiera aumentar la cifra de la producción destinada a la canasta básica.
Repartimos reservaciones por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), para asistir a los restaurantes y unidades gastronómicas enfrentando el poder especulativo de algunos, y la tendencia a la corrupción de otros. El verano se enfrentó con muchos planes de la calle realizados de manera gratuita por activistas voluntarios del deporte.
Más que apagones teníamos alumbrones, las termoeléctricas colapsaron con nuestro pesado petróleo, algunos pidieron millones para repararlas y Fidel, siempre Fidel, defendiendo la idea de buscar soluciones más rápidas, desarrolló la generación compartida, multiplicó los millones en miles de grupos electrógenos que poco a poco desterraron la oscuridad.
Desapareció el papel de los periódicos y se multiplicaron las emisoras de radio y televisión, los equipos receptores fueron encendidos en los lugares de más concurrencia de público.
De administrar de diversas maneras la crisis, aprendimos a sobrevivir, a continuar soñando, y lo logramos, porque pensamos como país en los extraordinarios parlamentos obreros de los noventa, y en la discusión de los lineamientos y los programas de desarrollo más recientes.
Ahora cosechamos las experiencias de aquellos años de administrar la crisis, y podemos gobernar el desarrollo. La incertidumbre de entonces ya no nos acompaña, las soluciones emergentes son sustituidas por políticas coherentes, el modelo económico demuestra que se puede sostener e incluso crecer.
Desarrollo local, autonomía municipal, descentralización de la planificación, empoderamiento de la Empresa Estatal Socialista, vinculación entre el sector estatal y no estatal, la inversión extranjera directa como complemento y no amenaza, la administración financiera, la política fiscal, las criptomonedas, el conjunto de medidas para reactivar la economía, la nueva Constitución, son los pilares, entre muchos otros, de la administración del desarrollo.
Hoy como ayer, no será posible el éxito, sin el pensamiento, la responsabilidad y la acción colectiva.
Hoy como ayer los que se empeñan en destruirnos, fracasan en el intento porque no se descuida la defensa, y ellos, los fracasados, no dejan de preguntarse cómo podemos, respirar bajo el agua y salir a flote; no entienden que aprendimos a administrar la crisis como ejercicio para gobernar el desarrollo.