Su eternidad duró tanto que el polvo devino estrella. Tres fuentes líricas y un chorro emotivo singular, la poesía de Carilda Oliver Labra es de obligatoria referencia cuando se hable de una poeta, mujer de gran temperamento en su vida, pero sobre todo de una gran revolucionaria dejándolo bien claro cuando en su obra con esos ojos claros que brillan a través de toda la tierra que estará, tal y como pidió, cubana, cubanísima, sobre su tumba.
Nacida el 6 de julio de 1922 en la ciudad de los puentes, Matanzas, obtuvo el grado de Doctora en Derecho, Premio Nacional de Literatura en 1998, profesora de pintura, dibujo y escultura, promotora cultural, amante sucesiva confesa, Carilda se convirtió desde mediados del siglo pasado en un mito que trascendió su propia obra poética.
Es Carilda una demostración de que vale la pena vivir.
Carilda se remonta a marzo de 1957, cuando escribió el Canto a Fidel, un verdadero desafío a la sanguinaria maquinaria batistiana.
Y así dice en unas de sus estrofas:
Gracias por tu dignidad/ gracias por tu rifle fiel/por tu pluma y tu papel/por tu ingle de varón/Gracias por tu corazón/Gracias por todo, Fidel.
Y precisamente su Canto a Fidel, poema que este 2019 cumple 62 años se refleja el canto de una mujer, de una muchacha, tocando una diana de guerra.
Nuestro Líder Histórico de la Revolución juzgaría aquella diana de guerra indisolublemente ligada a la epopeya de nuestro proceso de liberación como «el poema guerrillero que subió a la Sierra Maestra».
La Premio Nacional de Poesía en 1950, la medalla José María Heredia, el premio Excelencias como reconocimiento a su trayectoria, estuvieron entre sus reconocimientos.
Autora de unos 40 libros de poesía lírica, épica y erótica, traducidos a varios idiomas. Mas es en el erotismo donde ella alcanza sus momentos climáticos. Carilda sabe como nadie expresar el clímax del amor.
Sintetiza como nadie ese hecho cultural que se denomina Matanceridad. La también llamada Novia de Matanzas, cuando toda su familia abandonó la tierra natal, ella prefirió aferrarse a su terruño sin importar estigmas o dificultades.
“Publicar versos es descubrir verdades que ni siquiera sospechábamos adentro y que de otro modo quedarían inconfesas. Es siempre la profanación de una intimidad ineffable”. Así lo sintió siempre nuestra Carilda.