Se incorporó José Maceo junto con sus hermanos al Ejército Libertador, con solo 19 años de edad. Los hermanos José y Antonio se idolatraban y sentían entre sí mutua admiración.
Desde entonces bravura y lealtad los acompañaron y es que no podía ser de otra forma siendo hijo de la madre inmortal Mariana Grajales y de Marcos Maceo, de quien aprendió a ser un excelente jinete, magnífico esgrimista, experto tirador.
Al incomodarse, tartamudeaba; era jovial, presumido, de temperamento ardiente, enamorado y muy rumboso. Desinteresado y sincero hasta la intransigencia.
Él superó la leyenda a fuerza de coraje, impetuosidad, lealtad a la Patria en los combates contra el colonialismo español.
El primer combate de José fue el de Ti Arriba, a las 48 horas de haberse unido a las filas mambisas, y lo libró junto a Antonio.
Participó en la Protesta de Baraguá, se alzó en la llamada Guerra Chiquita, fue confinado a los presidios de África en 1880 y el 25 de abril de 1895 Máximo Gómez y José Martí se unieron al general José Maceo, quien se batía derrotando al enemigo.
José era todo verdad en su accionar y por eso para muchos parecía rudo en sus ideas.
De su valentía, audacia y astucia frente al enemigo habrá que hablar siempre en presente cuando se narre la Historia de Cuba.
Burló a la muerte en más de mil quinientos combates.
Diez veces regó con su sangre la tierra de la Patria por su libertad. Por ello fue llamado “El León de Oriente”.
Corría entonces el quinto día del caluroso verano de julio de 1896. El día de su caída en Loma del Gato estaba próximo a un encuentro con el Generalísimo Máximo Gómez.
Cuando Gómez conoció la noticia de la muerte de José expresó: “Su valor y decisión lo llevaron a la tumba. Es inapreciable la pérdida que hemos sufrido”.