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Gómez, mambí internacionalista

17 Junio 2019
Autor  Manuel Zaldívar Mora
Foto: Tomada de Internet

Su  sin  igual  amor  por  Cuba  lo  llevó,  en  1892,  a  convertirse  en  el  Generalísimo  de  la  Revolución.

Entonces el guerrero invencible sintió el cariño y el reconocimiento de todo un pueblo que agradecía infinitamente su noble, abnegado e inolvidable aporte a nuestra libertad.
Nuestro Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, fue un admirador sincero del Generalísimo Máximo Gómez Báez, el ilustre dominicano que hiciera de Cuba su Patria adoptiva y de su independencia el sentido de la vida.
En su país de origen, República Dominicana, en 1855, se incorporó como voluntario al ejército y destacó en acciones militares contra la invasión haitiana, hasta alcanzar en 1864 el grado de Comandante de caballería.
El héroe de Palo Seco y Las Guásimas, Mal Tiempo y la Reforma, aquel hombre al que jamás  el sol de la isla de Cuba calentó un día fuera del campamento o del campo de batalla, según escribió él mismo, a lo largo de toda la Guerra Grande, primero, y luego durante la Guerra del 95, y que terminaría confesando que  nada odiaba tanto en el mundo como la guerra.
El fin de la Guerra de los Diez Años, tras la firma del Pacto del Zanjón, en 1878, no significó para el guerrero dominicano-cubano el abandono de sus ideas independentistas.
Iniciado en el mando de las tropas orientales de la Cuba insurrecta, Máximo Gómez comienza la preparación de las mismas en el entrenamiento de los jefes y soldados para grandes empresas. Tiene bajo su mando un grupo de valerosos hombres entre los que se encuentran los hermanos Maceo, Guillermón Moncada, Jesús Pérez, Flor Crombet, Calixto García, Periquito Pérez y  Policarpo Pineda.
Víctima de una prolongada enfermedad infecciosa, la muerte lo sorprende el 17 de junio de 1905.
Su ejemplo de internacionalismo y fidelidad a Cuba, vivirá siempre en la historia y en el pensamiento de los cubanos.

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