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Homenaje a Oscar Lucero Moya el mártir del silencio

17 Mayo 2019
Autor  Isabel Ríos Rodríguez
Foto: Tomada de Internet

Con solo 30 años de edad, esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista le cercenaron la vida a este joven, el 19 de mayo de 1958, en la Habana, pero no los ideales revolucionarios, que a pesar de ser torturado no pudieron sacar una sola palabra y mucho menos delatar a sus compañeros de lucha, de ahí se ganó el calificativo de “mártir del silencio”.  

 

Como sucedió con otros jóvenes del combate clandestino en llanos y ciudades, Oscar Lucero Moya fue bestialmente torturado en el que entonces era el edificio del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), ubicado en La Habana y en una de las paredes donde los verdugos lo tenían confinado, dejó escrito: “18 de mayo de 1958. Aún vivo, Oscar”.

Destacan al luchador de origen humilde su virtud revolucionaria, su responsabilidad y compromiso con los luchadores de la clandestinidad, supo desde pequeño que la situación imperante había que enfrentarla a través de la lucha armada.

Conoció al jefe de la Clandestinidad Frank País García, con quien alternaría responsabilidades ya estando en el Instituto de Segunda Enseñanza, dentro del movimiento juvenil de la Iglesia Bautista.

Se integró a las filas de la Juventud Ortodoxa, y ese fue el primer bautismo de fuego, que comenzó en Oriente y terminó en la Habana, sin que el miedo jamás frenara el cumplimiento del deber con la lucha revolucionaria, la que afrontó con firmeza.

El accionar de la actividad de lucha Oscar Lucero Moya fue breve, pero intensa, pues supo retar con dignidad y valentía la tiranía batistiana, que luego del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, marcó con fuego su conciencia.

A 61 años de su muerte los estudiantes holguineros lo honran con la sede universitaria que lleva su nombre, centro fundado hace más de medio siglo, en el que se han graduado miles de jóvenes, en pregrado y posgrado.

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